16 abril 2008

La política del odio

Acabo de escuchar en la Cadena Ser al conseller García Antón hablar de nuevo de lo humillados que "nos sentimos los valencianos" porque en Barcelona vayan a recibir parte del agua del Ebro que corresponde a otra provincia catalana. El miserable que se aferró a su sillón cuando medio centenar de personas murieron en el metro de cuya línea era responsable, no merece hablar en nombre de los valencianos; pero sí, si pudiéramos preguntarles uno a uno, a todos, la mayoría dirían que es una humillación. Es lo que tiene el constante lavado de cerebro a que se nos somete desde la televisión pública valenciana y la gran cantidad de medios paniaguados del Consell (que malviven gracias a las enormes campañas publicitarias pagadas también con fondos públicos). Mientras, en la Comunitat siguen sin tomarse -porque nunca se han tomado- medidas para que los ciudadanos ahorren agua anta la supuesta necesidad alarmante que nos acucia (como, por ejemplo, la prohibición de llenar piscinas con agua potable, que está totalmente permitida), y se siguen aprobando proyectos que necesitarán mucha (Marina D'Or Golf uno de los más recientes).

La cuestión es crear un "enorme" problema artificial (si es real, no vemos que se estén tomando ningún tipo de medidas) y erigirse como el único dispuesto a solucionarlo (como no existe, nadie más lo intenta), aunque para ello haya que alimentar el odio. Pero no es nuevo. Así se viene haciendo desde Valencia respecto a Cataluña desde hace décadas -"el catalán no es valenciano", "nos quieren robar la paella", "no nos dan el agua que merecemos"-, y así se seguirá haciendo, porque está visto que les da excelentes resultados. Y mientras los valencianos miramos hacia otro lado, la Comunitat se sigue hundiendo en sus pequeñas pero reales miserias.

PS: Acabo de ver que Manuel Jardí, viene a hablar de lo mismo, pero mucho mejor que yo, en su columna de hoy en El País (ed. CV): Humareda sin fin.

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