01 abril 2008

Así somos de fáciles

¿De verdad somos tan fáciles de engañar? Esa pregunta asalta mi mente cada vez que leo o veo, durante las últimas semanas, cualquier información relativa al conflicto en la región china del Tíbet. Y es que ahora, con la cercanía de la celebración de los próximos juegos olímpicos en la República Popular China, un país gobernado por una dictadura execrable que limita considerablemente la libertad de expresión y castiga la disidencia con la muerte, entre otras muchas lindezas, estamos asistiendo a un espectáculo bochornoso de manipulación de la opinión pública sin a penas reacción por parte de la población.

Porque, como imagino que habrán detectado, la mayoría de medios de comunicación, bien por ser brazo armado del sistema -¿dónde queda lo del cuarto poder?-, bien por no quedar aislados (muchos medios no nacionales, prefieren no informar con independencia a evitar parecer excéntricos saliéndose del mensaje dominante, aunque éste sea erróneo o tendencioso), parecen haber acordado que parezca que, el único problema en China sea la situación, en esta pequeña región, de los partidarios de la antigua teocracia budista de corte feudal. Sí, la represión a la que se somete a los seguidores de esta teocracia es también despreciable, y ejemplo de lo que sucede en el resto del país; pero la localización del "problema chino" -el que hace que este país debiera ser tan repudiado como otros pos sus constantes violaciones a los derechos humanos- en un punto delimitado, y poniendo como víctimas a unas personas que no dejan de resultar folclóricas a los ojos de la opinión pública internacional, no es sino una cortina de humo para relativizar el verdadero problema: que no es otro que la República Popular China es una dictadura que no respeta lo más mínimo los derechos humanos de sus ciudadanos.

¿Pero qué sucede? Pues que queremos hacer negocios con ella. Por eso la "comunidad internacional" se pone de acuerdo para que allí se celebren los Juegos Olímpicos y la tratamos con benevolencia en relación a otros países que repudiamos, criticamos, asfixiamos comercialmente o invadimos territorialmente pese a ser igual o menos problemáticos que China en el respeto a los derechos humanos de sus habitantes. Así somos de hipócritas. Pero como nos gusta sentirnos bien, si los que nos mandan y sus canales de transmisión nos lo hacen más fácil minimizando el problema o reduciéndolo a un caso aislado, mucho mejor. Sí, así somos de fáciles.

PD: Sarkozy -y otros políticos internacionales- ha dicho que estudiará no asistir a la ceremonia de inauguración de los juegos debido al problema del Tíbet, no por cómo el país pisotea los derechos básicos de los ciudadanos de toda China. Que muchos lo hayan aplaudido es un síntoma claro de que la cortina de humo funciona a la perfección.

PD2: En la blogosfera española sólo he leído una reacción a la situación -habrán más, pero es una mala señal- similar a la que yo acabo de exponer, aunque en otros términos. La firma Alber Vázquez y la ha titulado Pekín 2008: hijo puta el que vaya.

PD3: Si quieren, pueden visitar la web especial que ha preparado Amnistía Internacional bajo el título ¿Sabes a qué se juega en China? y dejar su firma solicitando al gobierno chino que respete los derechos humanos.

Publicar un comentario