21 marzo 2008

Por el vuelo de una falda

"Todo el mundo en Valencia sabe (o debería saber) que el entramado social de las fallas siente una aversión innata ante cualquier ingerencia en su mundo perfecto, en el que el ciclo anual de la fiesta ordena y da sentido a sus vidas, un sentido en el que el medio y el fin es la ritualización espectacular de la vida social. No se olvide que, para un fallero, el momento culminante de la fiesta no es la cremà (la quema de la falla), sino l’ofrena: un desfile que a modo de procesión realizan durante dos días más de 100.000 falleros y falleras ataviados con el traje típico (condición imprescindible), que culmina con una ofrenda de flores a la patrona, y que se retransmite íntegramente por televisión. Se ofrecen a sí mismos como espectáculo, sujeto y objeto, a un tiempo, de la fiesta, a la vez que subrayan su poder sobre el espacio público. En este marco espectacular la evolución natural de las costumbres indumentarias y de los modelos estéticos de las fallas deben ser imperceptibles para el fallero medio, dar la sensación de que nada cambia y dejar la constatación de que eso no es así para cuando se revisan las fotos de tu madre. Esa apariencia de inmovilismo es, en realidad, una de las claves de su éxito social, su lugar en el mundo como anclaje de una población que no ha tenido otros medios, ni personales ni colectivos, para integrarse comunitariamente, y que en un entorno percibido como inseguro (empleos precarios que ni siquiera permiten organizar una vida en torno a él, una vivienda en cuyo altar económico se sacrificará cualquier posibilidad de emancipación personal o social, unos estudios que no garantizan un mejor nivel de renta…) permite ofrecerse orgulloso “de lo suyo” y desafiante ante los demás."

Ésta es sólo una de las perlas que Josep Izquierdo ha dejado en su texto "Por el vuelo de una falda: indumentaria fallera y populismo", publicado hoy en su columna semanal en Libro de Notas, a propósito de la "extraña" (como bien explica Izquierdo, no lo es) sugerencia por parte de Rita Barberá de realizar un cambio en el vuelo de la falda del traje que lucen las falleras. De lectura imprescindible, especialmente en Valencia.

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