27 marzo 2008

Ni miedo, ni pena

Estos últimos días, la presión informativa se ha acrecentado, pero ya llevan un tiempo tratando de meternos a todos el miedo en el cuerpo con la caída del precio de la vivienda, como si nuestro porvenir, el de España, dependiera solo de ello. Pero basta hacer un pequeño ejercicio de memoria para relativizarlo.

Cuando el precio de la vivienda empezó a subir con fuerza hará cosa de siete años, ¿usted compró, sin necesitarlo, una vivienda, para especular con su precio? Enhorabuena si fue así. Mucha gente lo hizo y sacó una buena tajada, pero seguro que coincidirá conmigo en que conoce a más personas que se lamentan de no haber comprado entonces y haberse sacado un dinerillo con la posterior venta, que a beneficiarios de esas especulaciones (o igual no, quién sabe, yo es que me rodeo de gente que cree que para ganar dinero hay que trabajar).

Esa gente, la que realizó ejercicios de compraventa de pisos durante los últimos años, es a la que se ha venido a denominar con el término en plural de "inversores" (que suena más fino que especuladores), y es la que, junto a los que necesitaban una vivienda nueva, movió el mercado, en su caso subiendo su precio por encima de su precio real (si entendemos la vivienda como un bien de primera necesidad). Esto generó que los que necesitaban un piso para vivir, bien aceptaran el precio de mercado, o bien esperaran tiempos mejores. Seguro que también conocen a alguien que compró para vivir, porque lo necesitaba ya, porque era "mejor que alquilar". Enhorabuena también para ellos, porque valoraron los pros y los contras y tomaron, como personas responsables, una decisión a partir de ellos.

Lo que sucede ahora es que, simplemente, la subida de los precios de la vivienda se ha pasado de castaño oscuro, hace meses dejó de ser rentable especular con ella y se ha frenado la venta de pisos. Era una tendencia que se intuía desde hace tiempo, y por ello, los que necesitan una vivienda para habitarla, están dispuestos a sacrificarse y esperar un poco para que los precios se acerquen a su valor real. Un precio que parece que, por convención, todos creemos bastante por debajo del que actualmente está marcando el mercado.

¿Y qué sucede? Que a resultas de esto nos tratan de meter miedo. Se pone el grito en el cielo diciendo que esta crisis será muy grave para el país. Se habla de que se perderán muchos empleos, que habrá que tomar alguna medida para que la gente pueda pagar sus pisos, que esta afectado todo el sistema financiero -otros que se han forrado estos últimos años, sin que le personal lo hayamos notado-, que habrá que fomentar la construcción protegida... ¡Se pide la intervención del Estado!

¿Pero de qué tenemos que tener miedo? ¿Dejó su hijo los estudios para meterse a peón porque eso le garantizaba un futuro? ¿Repartieron dividendos los constructores a todos los españoles cuando lo ganaron a espuertas los últimos años? ¿Verdaderamente hay tantos irresponsables en el país que compraron pisos que no pueden pagar? ¿Es culpa nuestra que se equivocaran? No. Muchos han hecho un gran negocio durante estos años, desde los puestos más bajos a los más altos, pero la mayoría hemos ido tirando con lo nuestro. ¿Ahora toca apretarse el cinturón? Pues que se lo aprieten ellos. ¿Que la industria de la construcción no es rentable? Pues todos los esfuerzos del Estado y las comunidades autónomas deben ser para apoyar a otras más competitivas. ¿Qué el precio de la vivienda se desploma? Debemos de estar de enhorabuena, será más fácil que todos podamos acceder a una.

Tratarán de disfrazarlo de mil maneras para acabar dando dinero público a los constructores (que la crisis afectará al sistema financiero -que ha tenido beneficios millonarios los últimos años y tampoco los ha repartido entre los ciudadanos-, que si generan mucho empleo, que los españoles no pueden pagar sus hipotecas -como si todo el mundo estuviera recién hipotecado-, etc.) y alargar así la agonía del sector a costa de todos, pero lo mejor, créanme, sería ya que se produjera su caída. ¿Temblaría España con ella? Seguro, pero quizás podríamos tratar de levantarla en un paisaje más limpio, especialmente de todos los que se beneficiaron a costa de nosotros durante los últimos años y creían que el chollo les iba a durar eternamente. Así que no tengan miedo. Ni pena.

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