13 marzo 2008

Miedo y asco en Valencia

Hoy es para mí un día muy triste, y lo es porque me siento derrotado. Parafraseando a alguien que se expresa mejor que yo, estoy acostumbrado a ser vencido, aunque raras veces me he sentido derrotado. Pero hoy es una de ellas. Hoy no me apetece escribir. ¿Para qué? ¿De qué sirve?

Lo que motiva esa derrota es que hoy, el Tribunal Supremo ha dado el visto bueno al Ayuntamiento de Valencia para que arrase un barrio centenario y desahucie a sus vecinos. Les he hablado de ello, de ellos, y de su larga lucha para recibir un trato justo por parte unos políticos que vieron en sus viviendas, tan cercanas al mar, un estupendo solar en el que especular. Y hoy, después de años de lucha y de interminables recursos, el Supremo ha dado la razón al Ayuntamiento que ha jodido a los vecinos sometiendo al barrio a la degradación y el abandono durante más de una década, al que le solicitó hace unas semanas que aplazara la sentencia hasta pasadas las elecciones no fuera a no resultarles rentable. ¿Cómo puedo tener fe en el sistema un día como hoy? ¿En una justicia que aprueba que se pisoteen los derechos de los ciudadanos?

Ahora, gracias a la sentencia, Rita Barberá podrá meter las excavadoras en el barrio y hacer otra mierda de calle como la recientemente reformada Avenida la del Puerto, con sus cinco carriles de sentido único, para que los coches alcancen los 80 kilómetros por hora antes de frenar para no incrustar sus morros en las obras del circuito de Fórmula 1. ¿No podía haber hecho en ella un estupendo paseo? No, para eso tenía que destruir otro barrio, tirar a multitud de vecinos de sus viviendas y dejar que la especulación haga el resto con los que queden en los próximos años.

Y todo ante la pasividad de los ciudadanos de Valencia. Unos ciudadanos pasotas que permiten y -¡qué demonios!- aplauden con sus votos masivos, que sus políticos sean unos verdaderos cínicos e hipócritas, que por un lado se escandalizan de unas obras en el artificial teatro romano de Sagunto (del que no quedaba prácticamente nada original antes de que se acometieran), y que por otro destrozan el poco patrimonio real que va quedando en la ciudad. Mentecatos que se ofenden por "cómo nos tratan los catalanes" mientras dejan que "los más valencianos" aniquilen los últimos vestigios de su pasado para construir y lucrarse a su costa construyendo un volátil futuro de cartón piedra. Desalmados que miran hacia otro lado para no ver que, en esas viviendas que se quieren derribar, viven además personas tan normales como ellas, pero que, por suerte, no son ellas.

Y leo que sale Rita Barberá echando la culpa a la "izquierda radical" de haber retrasado la "recuperación del barrio". ¿Recuperación de qué? ¿De cómo ella lo ha degradado? Y leo cómo los medios afines publican la noticia sin profundizar, para que no cale, para que nadie se apiade de los vecinos afectados, para que pasado mañana sea historia. Y siento pena por los vecinos, y vergüenza e impotencia por todo lo demás. Y dejo de escribir, porque ya no puedo más.


Este collage es obra de Alex Hurtado, autor de una magnífica serie de fotos -que podéis ver en este set de flickr- mostrando cómo es actualmente este barrio de Valencia. Mostrando cómo, si no lo impedimos, nunca volverá a ser.

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