25 marzo 2008

Hoy, como ayer

Hoy, como ayer, en nuestro país cientos de personas han evitado pasar por una calle en la que saben que podrían encontrárselos. Frecuentan siempre los mismos bares, las mismas zonas de recreo y no generan ningún problema especial a la mayoría de sus vecinos, por lo que muchos no los consideran un peligro, minimizan el problema, los hay que incluso no creen ni que el problema exista, e incluso, los que los aplauden. Pero cientos, miles de personas, viven atemorizadas por esa minoría, violenta y asesina. Asesina, sí, porque al menos 75 personas han fallecido en este país -y pueden ser más- desde 1991 a consecuencia de estos grupos de violencia organizada, y muchísimos más padecen sus ataques en actos violentos que se producen a diario, sin contar el lastre que supone no poder vivir en tranquilidad como la mayor parte de los españoles.

Les hablo de la violencia de odio, como la define el Movimiento Para la Intolerancia, que el pasado viernes 21 de marzo, instituido por las Naciones Unidas como el Día Internacional Contra la Discriminación Racial, presentó un informe con esas alarmantes cifras. Un informe que pone de manifiesto uno de los problemas de violencia que afecta a un mayor número de ciudadanos en este país, aunque sea silenciado de manera sistemática, al tiempo que vemos como se incrementa con naturalidad desde algunos grupos de poder, la intolerancia ante los distintos, ya sea por motivo de raza ("la inmigración es la culpable de nuestros problemas"), ideología ("el que no piensa como yo es un radical"), o sencillamente por su modo de vivir ("los homosexuales son gente enferma; los punkis, gentuza" etcétera, etcétera...).

Hoy, que no es su día porque las efemérides se solapan -sin ir más lejos, hoy es el Día Europeo Contra la Trata de Seres Humanos-, también hay que acordarse de ese problema, porque hoy, como ayer, como mañana y como pasado, usted quizás no, porque entra de lo que estos "guardianes de las esencias" consideran como normal, pero su hija, su vecino o cualquiera, volverá a ser víctima de una agresión por odio. Porque en toda España y no sólo en un punto y por unos motivos, hay mucha gente que vive pensando por qué calles no debe pasar. Y mientras, la verdadera escoria anda suelta.

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