10 marzo 2008

Esto no se acaba nunca

Ya está. Ayer celebramos las últimas elecciones generales al Congreso y al Senado (sí, al Senado también) y se podría decir que todo sigue igual. Zapatero obtuvo la reválida pero, por suerte para los que amamos la pluralidad, no obtuvo la mayoría absoluta, y tendrá que buscar acuerdos puntuales con otros partidos para aprobar las medidas que quiera sacar adelante. Lamentablemente, y de nuevo para los que amamos la pluralidad, esta mayoría la ha logrado a costa de los partidos minoritarios de izquierdas, cuya masa de votantes se ha dirigido a los socialistas merced a la inestimable labor del segundo en discordia. Me refiero a Mariano Rajoy, un hombre que ha conseguido en parte su deseo de unir a España, aunque sea en dos bandos: la de sus partidarios y la de los que le temen.

Desgraciadamente para él y los suyos, la segunda es mayoría. Y me temo que será más grande aún si sigue al mando del Partido Popular abanderando el mismo tono radical de la última legislatura, ya que el "voto útil" lo es más -realmente tiene apariencia de serlo aunque no sea así- a medida que las minorías van empequeñeciéndose, por lo que el Partido Popular sólo regresaría al poder adoptando la imagen serena y centrista -otra cosa es que fuera así en el fondo- con la que Aznar logró su primera mayoría (con sólo tres escaños más de los que logró ayer Rajoy).

¿Cambiará el gallego de actitud? Es difícil de determinar. Pese a la derrota, el aumento de votos y escaños obtenido puede animarle a aferrarse a la poltrona popular, y no le faltará el respaldo de todos aquellos -Zaplana, Acebes y compañía- que desaparecerían si en la calle Génova se decidieran por dar un nuevo aire al partido; pero eso sí, su apoyo estaría condicionado a seguir ejerciendo la mano dura, la única en la que son creíbles. Por otro lado, las alternativas a estos, que la prensa madrileña señala como moderadas, no lo son. Por mucho éxito que Francisco Camps y Esperanza Aguirre tengan en sus respectivas comunidades, se trata de un éxito obtenido a costa del enfrentamiento y el fracaso en otras. El centralismo teñido de "españolismo" de la madrileña y el egoísmo del valenciano, movilizan a su electorado más rudimentario, pero restan votos a los populares en muchas comunidades que no son las suyas, así como sus modos totalitaristas en el uso de los medios de comunicación y su también conocido abandono de los servicios públicos.

Que éstos ambicionen tanto la presidencia del gobierno como para abandonar la comodidad de sus respectivos gobiernos autonómicos es la incógnita más difícil de despejar. Sin embargo se hace más fácil augurar que, con semejante oposición y viendo cómo el panorama electoral tiende a la bipolarización, si no sobreviene catástrofe, tendremos Zapatero para rato.

Dos pequeños apuntes

  • IU ha sufrido los peores resultados de su historia. Su grupo ha perdido tres de los cinco escaños que tuvo en la última legislatura (uno de los dos de Madrid, el que tenía en Valencia, y uno que perdió IpC, lo que no es achacable a IU propiamente dicha). A la vista de estos resultados, es justo que Llamazares y su sector en el partido reconozca su culpa por la pérdida del escaño madrileño, y la asuma no presentándose a la reelección. Pero también lo es que el PC reconozca su culpa por la pérdida del valenciano (ya saben que presentaron una candidatura opuesta a Llamazares a meses de las elecciones, no pusieron de cabeza de lista a la congresista que optaba a la reelección por no ser del PC, etc.). ¿Serán los responsables del PC capaces de reconocer alguna vez sus errores? En Valencia han conducido al partido, en a penas dos elecciones, al ostracismo. Mal futuro aguarda a IU. Todo apunta a que, si hay un futuro para la izquierda en España, su refugio estará en manos de los partidos nacionalistas (BNG, ERC, IpC, NB, Bloc, etc).

  • En Madrid, Rosa Díez ha logrado un escaño con UPyD (y en el resto de España, sin alcanzar representación, cosechó un montón de votos). Es sorprendente la cantidad de gente que ha votado un partido por tan poco. Un mensaje nacionalista español y una campaña sorprendentemente llamativa para un partido nuevo (todavía me extraña que haya gente incapaz de reflexionar que algo anda mal cuando alguien tiene mucho dinero para gastar y no puede explicar cómo lo ha conseguido) han otorgado un escaño en el congreso a la ex eurodiputada que contribuyó, con su incomparecencia en la votación por estar de fiesta, que el Parlamento Europeo investigara la catástrofe del Prestige (lo que evidencia una vez más la poca memoria de la gente o lo poco que exige a sus representantes). Estos últimos meses, los medios más rancios han hecho mucha campaña por UPyD, quizás en previsión de que restara votos a los socialistas. Yo no tengo tan claro que sus votos los hayan arañado precisamente en la izquierda (sólo he oído hablar bien de ellos a gente conservadora). Será interesante ver cómo les tratan a lo largo de la siguiente legislatura.

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