07 marzo 2008

En la (forzada) jornada de reflexión

Si hoy a mediodía hubiera fallecido una mujer a manos de su marido; si un niño hubiera sido víctima de violencia y humillaciones por parte de sus compañeros de clase; si un hombre, por tener la piel morena, el pelo largo, gestos amanerados o hablar en valenciano, hubiera sido apuñalado por un grupo de neonazis; si cualquiera de esas tragedias, digo, hubiera sucedido hoy al mediodía, a estas horas la caravana electoral seguiría su marcha de cara a acabar esta noche la campaña por todo lo alto.

Pero no, hoy, a las 13:30 aproximadamente, un grupo de descerebrados en nombre de ETA ha decidido que la jornada de reflexión debería adelantarse y que para ello no había nada mejor que asesinar, delante de su familia, a un indefenso ciudadano, ex edil de un pueblo del País Vasco.

Es un crimen execrable, pero, aunque cueste reconocerlo, sólo se trata de un problema más, un caso más de violencia de los muchos que padecemos en España. ETA ha querido entrar en campaña, y cuando escribo esto ya he escuchado a quien, veladamente, está tratando ya de sacar partido político al asesinato. Pero el domingo votamos para solucionar todos nuestros problemas, no uno solo.

Si consiguen que el atentado de hoy no les influya en su voto (o su abstención) y sí los problemas de la cada vez más notable desigualdad entre ricos y pobres, del aumento de la intolerancia y la acritud a los diferentes, o de la creciente falta de espacios de libertad; si lo consiguen, quizás nuestros problemas queden un poco más lejos. Si no, ellos habrán logrado su objetivo.

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