25 febrero 2008

¡Qué horror!

Acabo de regresar de un fin de semana en Barcelona. Obviamente no fue lo único que hice, pero sí, también fui a ver si David ganaba a Goliat. Pero no, como suele suceder, David perdió. Esta mañana cuando regresaba en el Euromed iba contemplando el paisaje y, de repente, en medio de la nada, irrumpió, rodeada de pequeñas montañas de escombros de obra sin retirar, una serie de edificios de apartamentos horrendos, ubicados en paralelo entre ellos formando calles en perpendicular al mar. En ellas a penas habían coches, y el espectáculo, además de feo, era también fantasmagórico (incluía un cutre parque de atracciones, también desierto, en el que Iker Jiménez bien podría grabar alguna de sus psicofonías). El tren, no se por qué razón, avanzó lento en ese tramo, lo que aportó cierta intriga a mi curiosidad por saber en qué localidad se había pertrechado semejante barbarie (si las zonas de apartamentos son feas, imagínense si en ellas todos los edificios fueran iguales). Bueno, pues finalmente (está ubicado al sur del complejo y yo venía del norte) vi el gran cartel de Marina D'Or. Había oído muchos comentarios negativos del complejo, pero no podía imaginar que fuera tan cutre como lo que vi desde el tren. La imagen todavía me acompaña por eso se la cuento, para ver si me la quito de encima. En cuanto me sobreponga del shock y me ponga al día, trato de contarles algo más interesante.

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