06 febrero 2008

Imposible la solidaridad

Uno ha sido siempre de solidarizarse con los huelguistas, o al menos de atender a sus protestas. Siempre, hasta en casos en que la huelga ha producido molestias extremas (como las de los servicios de basura que se producen de vez en cuando en muchas poblaciones), me ha molestado los medios -en este caso las televisiones- no se informen de sus demandas y sólo centren sus informaciones en las molestias que los huelguistas causan. Una huelga casi siempre es molesta, pero todo trabajador honrado merece un trato correcto.

Les cuento esto porque en mi ciudad, Valencia, asistimos desde hace meses a diversas huelgas de empleados del metro y Ferrocarrils de la Generalitat. Desde la pasada semana los que están protestando son los maquinistas alineados en el Sindicato Independiente, pero no hace más de dos meses también lo estuvieron muchos de sus compañeros. Los maquinistas del SIF reclaman ahora mayores subidas salariales. Antes, otros colegas -no recuerdo si también ellos- se levantaron ante la posible privatización paulatina del servicio. Y qué quieren que les diga, creo que, aunque seguramente en otras huelgas tampoco haya llegado a sentir afinidad con los participantes, ésta es la primera vez que percibo plenamente mi oposición a unos huelguistas.

El por qué se explica con sencillez, y no crean que se debe a las molestias, porque cuando para un trayecto de diez estaciones necesitas de normal 40 minutos, que te cueste una hora y cuarto ya no supone una gran sorpresa. La explicación es que, sinceramente, a pocos trabajadores he visto tan dejados, tan pasivos y conformistas con el lamentable servicio que ofrecen, como a los empleados del metro y el tranvía de Valencia. Nunca una disculpa ante un fallo o un retraso, nunca rápidos para solucionar un problema o una avería.

¿Pero qué quieres que hagan?, me dirá alguno. Ellos conviven con el problema a diario, hora tras hora, y es normal que no les veas quejarse constantemente, que no corran para arreglar un problema en el trasto que les hacen conducir. Quizás sea así. Pero también la solidaridad es algo que hay que ganarse, dándola también cuando los demás la necesitan. En Valencia, por una de las líneas que ellos circulan, descarriló un convoy en un accidente que causó 47 heridos y 43 víctimas mortales, una de las cuales era compañero suyo. Entonces habría sido necesaria una huelga, detener durante días el servicio para denunciar su lamentable funcionamiento y a los responsables de su mantenimiento. Pero no pararon ni una hora, ni alzaron la voz para pedir que se esclareciera a viva voz qué hizo su compañero fallecido y cuál era su estado -¿Estaba en plenas facultades? ¿Se desmayó?- cuando se produjo el accidente. Ni una hora. ¿Solidaridad? Imposible.

PD: Este domingo, como todos los días 3 de cada mes, los familiares de las víctimas del accidente de metro del 3 de Julio de 2006 se volvieron a reunir en la Plaza de la Virgen para pedir explicaciones de lo sucedido al gobierno autonómico. Un gobierno que, cabe recordar, tuvo recientemente la poca vergüenza (en boca precisamente del candidato del PP a las Cortes González Pons) de exigir desde Valencia la dimisión de Magdalena Álvarez por los socavones en las obras del AVE Madrid Barcelona, mientras aquí no se despegó ni uno del sillón a pesar de ser responsables del deficiente estado de sus ferrocarriles que, si no propició, sin duda favoreció al accidente mortal.

No hay que olvidar, no sólo por respeto a las víctimas, sino por respeto a nosotros mismos. Y precisamente para favorecer el recuerdo, se estrenó ayer el documental Después de las Ausencias, que ha rodado Nacho Sirera siguiendo a los familiares de las víctimas del accidente durante más de un año. Aquí les dejo el trailer.

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