28 febrero 2008

Cháchara

"Hay que estar muy despiertos. No es raro que en campaña electoral se hagan promesas inverosímiles, asombrosas: que se ofrezca más de lo mismo... "y un par de huevos duros", como añadía Groucho. No es extraño que algunos candidatos mientan conscientemente, amparándose en el ruido y en la confusión. [...]

[...] He leído el manifiesto de un candidato local. Se titula Contrato con los valencianos. Está pensado, en efecto, como un acuerdo con sus votantes: es una sucesión de formulaciones muy sonoras que pueden ser leídas en voz alta. Es lo que yo he hecho: recitar con la mejor entonación posible ese manifiesto. Lo he hecho y no doy crédito. ¿Cabe mayor afectación? La prosa -que es insustancial y redicha- recuerda la letra de una canción ligera, ligerísima: un repertorio de cosas obvias, contradicciones, tautologías, falacias, repeticiones, declaraciones enfáticas y verbosidades. Tan poquito parece confiar el propio candidato en su Contrato que ha tenido que marcar con negrita lo que el elector debe leer, saltándose así la ganga verbal. Supone -imagino- que repasando esas negritas hallaremos el compendio de cada cláusula y la lógica de dicho manifiesto. Yo he completado de principio a fin la lectura y, otra vez, no doy crédito. [...]

[...] Lo he tenido que leer varias veces: es un bla bla bla interminable. Me recuerda la letra de un himno entonado con musiquilla y coros dominicales: pronunciado con campechanía, con ese tono condescendiente de quien quiere hacerse popular y accesible. ¿Engaña? Más que mentir, en realidad embarulla con palabras huecas. Traten de poner en negativo esas afirmaciones que reproduzco. No les será posible: nadie las suscribiría, luego... no significan nada. [...]"

El artículo de Justo Serna (Cháchara) de hoy en la edición valenciana de El País detalla mucho más y aún continúa, pero me parece que estos fragmentos eran bastante significativos para describir, no sólo del discurso de un candidato al que no cita -aunque no es difícil encontrarlo-, sino del muchos de los que se presentan a las próximas elecciones. Políticos a los que muchos votan conscientes del engaño al que les someten. Si todos dijéramos basta a cualquiera de los que trataran de engañarnos de un modo tan evidente, otro gallo nos cantaría.

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