14 enero 2008

Vistazos - 14 enero

  • "El cine estadounidense nos tiene hartos de ver películas que reclaman sin apenas disimulo comprensión para los policías tipo Harry El Sucio, que golpean a los detenidos justificándose por el hecho de que se trata de personajes abyectos, como si el trato legal fuera una deferencia arbitraria del Estado que cupiera administrar en función de la categoría moral del arrestado. Ni lo repugnante del personaje, ni la conveniencia de arrancarle una confesión o una información, justifican que los encargados de hacer cumplir la ley se limpien el trasero con ella. En caso contrario, habremos de suponer que hay dos categorías de malos: los malos malos y los malos buenos, que transgreden la ley, pero en buen plan, encarnando el viejo dicho de que el fin justifica los medios. No otra cosa se adivina, sin demasiado esfuerzo, en las declaraciones de ese valor del socialismo humanista irredento que lleva por nombre José Bono, milagrosamente recuperado para la política activa por Rodríguez Zapatero, y que, con referencia a las posibles torturas a los detenidos de Arrasate, ha afirmado: «No hay que producir bajas, pero, si son inevitables, que no sean nuestras».

    He estado leyendo bastante de lo que se ha escrito en la prensa convencional y en internet en relación a la detención de Arrasate y a sus derivaciones posteriores. Es obvia la disparidad de criterios de fondo. Hay mucha gente que viene a decir que, si la Guardia Civil calentó a los detenidos para hacerlos cantar, pues qué se le va a hacer: a grandes males, grandes remedios. Había que obtener su confesión y sacarles sus secretos.

    La tortura es un viaje moral sin retorno. No cabe atravesar esa frontera con pretensiones de excepcionalidad. Aceptar la tortura en un caso extremo es, de hecho, admitirla siempre. Porque, ¿en función de qué criterio se acepta? En el del bien superior, obviamente. Se trata de hacer un mal menor para obtener un bien superior. Pero ésa no es la excepción, sino la norma principal de la tortura. Quienes torturan creen que lo hacen para conseguir algo que es bueno para la colectividad: aclarar un crimen, encontrar un arsenal, desarticular un grupo terrorista... Incluso quienes torturan por placer se justifican con esa coartada: ellos hacen el trabajo sucio para que la sociedad pueda estar limpia. La sociedad que acepta la tortura como excepción deja la determinación de la excepcionalidad en manos de los torturadores y sus jefes. Habrán de ser ellos –¿quién, si no?– los que decidan, según su jerarquía de criterios, que tal o cual caso es lo suficientemente grave como para tirar para adelante apoyándose en ese respaldo social. Por eso –insisto– avalar la tortura en algún caso equivale a avalarla en cualquiera."

    Javier Ortiz lo escribió este fin de semana en su artículo "Contra la tortura, siempre" (leer completo pinchando sobre el título). Subscribo su opinión de cabo a rabo.

  • No es, como suele suceder, su único artículo brillante de los últimos días. También es muy recomendable su artículo de ayer en Público, "El aparato del Estado", en el que pone de manifiesto que en el bipartidismo norteamericano gane quien gane, siempre acaban mandando los mismos. No obstante, no podemos mirarles por encima del hombro: En España los grandes intereses tratan de lograr lo mismo a base igualmente de imponer definitivamente el bipartidismo entre dos partidos prácticamente iguales, idea que difunden gracias a la inmensa mayoría de los grandes medios y la complicidad de la ingenuidad de la mayoría de la población.

  • En mi Comunidad, sin ir más lejos, estos dos partidos arrasan. La gente vota mayoritariamente a un reducido grupo de personas para que vele por sus intereses en las dos cámaras representativas en Madrid. Sin embargo, al final de la corrida cuando se van para allá, en la mayoría de los casos se olvidan de los problemas y preocupaciones de los que les han votado y se dedican a más grandes empresas. La relación entre ellos y sus votantes es nula, a excepción de las semanas previas a que los ciudadanos les reciclen su voto. Por eso no es de extrañar que suceda lo que Fernando Martínez Castellano escribía en una de sus recientes columnas:

    "A uno de los contertulios [...], quizás porque aquel día era el Día de los Inocentes, se le ocurrió preguntar, ¿Podéis recordar el nombre de seis Parlamentarios del Congreso de los Diputados, elegidos por Valencia? ¿y algún Senador?. A ninguno, y eso que son muy “leidos”, pudo decir más de cuatro nombres de los que hasta ayer mismo, decían que velarían por los intereses de Valencia en Madrid. Ninguno, incluyendo el que hizo la pregunta, pudo recordar, con firmeza, quien fue el cabeza de lista de los socialistas en Valencia en las Elecciones Generales de Marzo del 2004. Dos mencionaron al Senador que cambió su partido por un escaño. Y punto."

  • Del plano valenciano habla casi siempre Javier Alfonso en su columna de los lunes en la edición valenciana de 20 Minutos. La de hoy, "Líderes en la ITV", tampoco tiene desperdicio. Empieza así:

    "Los valencianos somos los que más pagamos por la ITV, más del doble que en Asturias, y encima la segunda inspección allí es gratis y aquí no. Fue noticia sin pena ni gloria en Navidad, y desde entonces no dejo de preguntarme si aquí somos tontos o este agravio comparativo (¡España se rompe!, dirán algunos) tiene una explicación. ¿Será que atamos perros con longanizas? ¿O quizás que en Asturias se gobierna pensando en los ciudadanos y no en las concesionarias?"

    La respuesta al final de su artículo.
  • Y no es la de Javier Alfonso la única buena columna que aporta la edición valenciana de 20 Minutos. También los viernes publica la suya María Lozano arrojando luz sobre aspectos oscuros de la actualidad valenciana (un ejemplo reciente sería "Desepero en La Fe"). Es importante que los medios confíen en nuevas y jóvenes voces para sus secciones de opinión, tan plagadas de viejos "profesionales" que, en muchísimos casos (no todos, obviamente), funcionan ya por inercia y tienen muchísimos vicios -y compromisos- adquiridos.

  • Un último y breve apunte sobre la blogosfera valenciana. Desde que lo descubrí en Alababarada hace unas semanas no he dejado de visitar el blog Valencia Daily. Lo lleva a cabo el fotógrafo polaco Slaw Starega, que recientemente se afincó en mi ciudad, y la está reflejando en fotos de un modo muy realista y certero (además de divertido o crítico, según las ocasiones). Por otro lado aprovecho para dar pública bienvenida a la blogosfera -¿quién soy yo para hacer esto?- a mi colega Julio Gómez, que acaba de inaugurar No Val Pena, y que contribuyó a que no se me pasara por alto la visita de Leo Bassi por Picassent.

    Una foto de Slaw Starega en Vlc Daily.
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