07 enero 2008

Público, la alternativa

"La noticia del compromiso del príncipe Felipe con Letizia Ortiz, el 1 de noviembre de 2003, me alcanzó en un congreso de prensa en Buenos Aires. “Los periodistas gallegos son unos boludos”, me espetó un compañero de profesión argentino: “El titular de hoy es que el príncipe se casará con una periodista plebeya y divorciada, y ningún diario español cuenta que la novia ya estuvo casada hasta el quinto párrafo”. Y tenía toda la razón.

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En estos últimos cuatro años, desde que se anunció el compromiso principesco, las cosas han cambiado en los medios españoles, aunque no tanto como parece. Del tabú inicial hemos pasado a debates en televisión sobre el peso de la princesa. Se abrió la veda para hablar de la familia real en los mismos programas donde se debate sobre el edredoning de Gran Hermano. Los eufemismos siguen ahí; una separación se traduce, en borbonés, como un “cese temporal de la convivencia”. Pero algunos diarios ya se atreven a llamar a las cosas por su nombre y, cuando Elena de Borbón y Jaime de Marichalar se dieron tregua, pocos titularon con el cese del temporal, como si se tratase de una borrasca pasajera.

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El tabú real sólo se ha roto en la parte inane del cotilleo, la de la prensa del corazón, y sin tocar nunca al rey. No hay más libertad de expresión por publicar unas fotos de la princesa en bikini. No hay más transparencia en las cuentas del rey por nombrar a un interventor civil, y no militar, si de todas formas no se cuenta qué se hace con el dinero. Con nuestro dinero. Puede que en España, en el año 2000, existiese una conspiración de silencio en la que participaban todos los medios de comunicación. En el año 2008, que ahora empieza, ya no es así. Al menos en Público, por responsabilidad cívica, no es así."

Ayer, lo escribió -completo- Ignacio Escolar en Público, el diario que dirige. Estas vacaciones lo he leído en más profundidad de lo que el día a día me permite, y les puedo asegurar que, sin ser perfecto, es el único periódico de tirada nacional que puede calificarse de izquierdas o, al menos, de aportar una visión alternativa a la que ofrece el resto (en las formas se diferencian, pero en el fondo El País, El Mundo, ABC o La Razón defienden los mismos intereses, por mucho que les pese a sus lectores).

Y no, por desgracia no me dan de comer.

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