11 enero 2008

Nunca es tarde... "La Revelación" de Leo Bassi

Leo Bassi, tras la primera tanda de aplausos, regresaba al escenario, para agradecer a la Casa de Cultura de Picassent que por fin -tres años después de estrenarla- le hubiera permitido presentar en las cercanías de una capital de Valencia su obra La Revelación. Así están las cosas en España: una obra de teatro que hace humor inteligente a costa de aquellos que emplean las religiones como armas de poder terrenal y represión de la libertad es perseguida (su autor fue víctima de un atentado en Madrid) y censurada (la Iglesia presiona en todo el país muchas veces con éxito para que no se le alquile ningún teatro) con el beneplácito -cuando no por- del poder.

Y que quede claro, el que se ofende es porque quiere. Como Bassi dice en un momento de la función, "el que siente como su fe se resquebraja por lo que dice un payaso como yo, vaya mierda de fe tiene". Servidor, que entró cristiano en el teatro, salió igual de cristiano de él. Porque lo que el cómico (que recibía el aplaudo y la atención de los mass media cuando hacía humor escatológico y pasó al olvido cuando incidió en el inteligente y crítico con el sistema) presentó en el pase al que asistí ayer de La Revelación, es, primero, una puesta en evidencia de lo ridículo que resulta el tomar de un modo ortodoxo libros sagrados como la Biblia o el Torá, incidiendo en el caso del Antiguo Testamento, por ser el más conocido aquí (en Sudamérica la obra ataca a la Iglesia Evangelista, la que más daño ejerce en aquellas latitudes). Y después, la demostración también de cómo la Iglesia como institución ha desvirtuado y tergiversa a diario la figura de Jesucristo, cuyo testimonio, incluso a través del Nuevo Testamento, es olvidado a diario por la jerarquía eclesiástica.

Todo es abordado con notables dosis de humor en el que se intercalan momentos dramáticos, pues es inevitable que salgan a relucir hechos muy serios -el exterminio palestino por origen divino, el sometimiento y desprecio de la mujer en los textos sagrados, el cobijo a curas pederastas que lleva a cabo el Vaticano, etc...- consecuencia de la interpretación ortodoxa de algunas religiones. Como ven, para alguien informado, la obra no ofrece ninguna novedad más allá del disfrute de degustar su brillante planteamiento, la buena puesta en escena del actor y su cómica gestualidad, y algunos momentos de humor notable (el encuentro con el sacerdote no tiene precio).

Sin embargo, es evidente que, por desgracia, todavía queda mucha gente que no es consciente de los estragos que la religión puede provocar y provoca cuando está en malas manos, y a ellos es a los que algunos tratan de esconder una obra tan edificante como La Revelación. Y es que todavía hay gente que nos prefiere ignorantes, y aún peor, gente que prefiere no saber.

Si tienen la suerte de que se representa cerca de su casa no dejen de verla.

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