01 diciembre 2007

Callejeros en el Cabanyal

Rita Barberá se debe haber quedado contenta tras ver la última entrega de Callejeros. Ayer (hace unas horas cuando escribo esto) el espacio de Cuatro emitió su programa número 100 y lo dedicó al más que centenario barrio del Cabanyal de Valencia. Se había anunciado, pero como Callejeros no es precisamente Linea 900, servidor se sentó a verlo con más curiosidad que esperanza. Y efectivamente, el programa cumplió el mismo esquema que repite cada siete días: sacar principalmente a gente más miserable que sus espectadores, para que estos se vayan a la cama escandalizados con los que hay ahí fuera, y más conformes con lo que les ha tocado vivir. Todo ello, a más gloria del sistema.

Obvia decir, que el Cabanyal no es lo que se vio en Callejeros. Porque si fuera así, el barrio estaría degradado en un 90% de su extensión, salvo pequeños islotes de gente privilegiada; y lo más escandaloso, estaría integrado por un 50 o un 60 % de ciudadanos de etnia gitana, un 10% de freaks constituyendo el porcentaje restante todos los demás. Eso es lo que quedó seguramente en la memoria de los espectadores, a pesar de que el programa tocó las claves de la situación a que ha abocado el barrio Rita Barberá desde que es alcaldesa de la ciudad.

Porque se vio por encima cómo gente normal de todas las clases quiere ser arrancada de sus hogares de 100 metros cuadrados por 30.000 euros; se intuyó cómo los vecinos de estos son familias que han ocupado con la connivencia del Ayuntamiento las viviendas que los venden van dejando vacías (me gustaría saber qué habrá pensado el que fuera propietario de la panadería ocupada, cuando la haya visto); o a penas se tocó cómo -y ahí sí se veía de un modo explícito- el Ayuntamiento alquilaba pisos en un bloque de la playa a familias desestructuradas, con el fin de degradar la zona y arrancar de sus viviendas a las familias que han vivido en ellas y las han cuidado toda la vida (el caso de la anciana a la que visitaba su hijo en la finca cuyo ascensor no funcionaba).

Pero lo que es más notable: en Callejeros no se vio el 99% del barrio, porque todo el programa a penas se rodó en cuatro calles, por lo que los espectadores se perdieron las vistas de un barrio maravilloso, con una arquitectura y una idiosincrasia que lo hacen prácticamente único en Europa (habrá una decena como él, aunque seguramente protegidos por sus Ayuntamientos). Eso sí, conversaron con la única freak que encontraron; dedicaron tres o cuatro minutos a un gitano predicador que en una semana había sacado a una decena de chavales de las drogas -eso sí que es un milagro-; sacaron los tres o cuatro bailoteos también con gitanos que suelen calzar por programa; entraron en varias casas en las que no dejaron de enfocar la taza del váter; y cerraron como siempre con los últimos borrachos que pudieron encontrar para poner el broche final.

Conociendo los argumentos que maneja la mitad de los votantes de Rita, lo extraño sería que no entrara mañana sobre una excavadora en loor de multitudes. Así pues, gracias Cuatro. Por nada.

En Callejeros al menos sí se pudo ver una de las más míticas pintadas del barrio. ¡Viva el Cabanyal! ¡Vamos Levante!

PD 1: Si queréis leer un divertidísimo y al mismo tiempo muy instructivo artículo sobre el Cabanyal, no dejéis de visitar esta entrada de Normalizado. Al final enlaza aquí para más información, lo cuál le agradezco, aunque yo os emplazo a que lo hagáis en la web www.cabanyal.com

PD2: Alguien debería hablar un día de la imagen que ofrece el programa Callejeros de la etnia gitana. Algo me dice que el porcentaje de mala gente entre ellos no es tan alto como lo muestra el espacio de esa televisión tan progre del Grupo Prisa.

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