03 diciembre 2007

Callejeros en el Cabanyal (II)

El texto que les copio a continuación lo dejó un ciudadano anónimo -firmó como Cabanyaler ausent- en los comentarios al post Callejeros en el Cabanyal. Según apunta, se trata del e-mail que remitió a Cuatro tras ver el programa. No sé hasta qué punto es cierto todo lo que describe, pero los que conocen el barrio, los que lo han vivido y lo viven, podrán confirmar conmigo que hay más verdad sobre el Cabanyal en el texto que en el programa que emitió Cuatro el pasado viernes. Léanlo.

"Puede que sea por mi carácter un poco inquieto, curioso, puede que hasta aventurero; puede que sea por mi, en ocasiones, cobardía; puede que sea por que mi camino vital me ha llevado siempre a buscar lo que no tengo lejos de donde es muy posible que lo tenga; no sé muy bien porqué, pero hace ya unos ocho años que no vivo en el Cabanyal. Sin embargo me es difícil olvidar que hasta los 14 años, la calle, las calles del pueblo fueron mi lugar de juegos, de amistad, de descubrimiento de la vida –la que se puede descubrir hasta esta edad-, de aprendizaje de lo que es el mundo de los humanos, de frescor en verano, calidez en invierno –corriendo, sudando– fueron el lugar donde valorar a mis padres, mis abuelos, mis tíos y tías, de comprender la cultura, las tradiciones de un pueblo, la belleza de un conjunto más o menos grande de casas y edificios.

Me es difícil olvidar el paseo de poco más de 20 minutos por las calles del Cabanyal, de la mano de mi tío Manolo, hasta llegar a la playa, a la arena de un mar que albergaba unas cuantas barcas de madera, que impulsadas por un par de remos y un par de brazos, se adentraban cada día a realizar la pesca del pescado o cefalópodo de temporada, todo a mano, sin ruidos, sin motores, con esfuerzo pero con respeto, sin ambición, con ganas de conservar algo único: una flota artesanal que no necesitaba puerto, sólo arena, y que se movía con la fuerza heredada de generaciones de hombres y mujeres, que a diferencia de las gentes de Valencia, eran conscientes de la existencia del mar y así lo vivían.

Me es difícil olvidar que mi abuela no hablaba castellano, entenderlo lo entendía, tonta no era, pero hablarlo… Su idioma, su lengua era el valenciano, y al igual que ella, todas las abuelas de nuestro mundo, del Cabanyal.

Me es difícil olvidar que la primera luz que vieron mis ojos al nacer no fue la de un hospital, o la de un taxi, fue la luz del Cabanyal, que iluminaba la habitación de mi madre; era difícil y arriesgado pero en el año 1967 todavía se nacía en casa, y es cierto que a mi madre no le hizo mucha gracia y sí mucho dolor, pero ese extra de sufrimiento que padeció por mí, es algo que nunca le podré agradecer del todo, es algo que marca a madres, padres, hijos, hijas, abuelos, abuelas, familias y pueblos, es algo que nos referencia, que nos distingue y que nos permite aportar algo nuevo y diferente, nos hace participes de la diversidad, de la biodiversidad incluso, y nos da carácter como pueblo.

Me es difícil olvidar el hecho de que en mi nacimiento, una pequeña multitud esperaba ansiosa en la calle, frente a la fachada de mi casa para recibir la noticia del nacimiento, esperaban a que mis abuelas se asomaran y con una sonrisa de oreja a oreja les dijeran a grito pelado “¡es un xiquet, es un xiquet!” y todos y todas las que allí estaban, como manifestando una escala de valores antigua, ancestral, incluso primitiva realizaban la serie de preguntas que en grupo y desde la calle se pueden hacer: “¿El xiquet està be? ¿És guapo? ¿La mare està bé?” , y mientras, mi padre y mi abuelo, emocionados se abrazaban llorando a moco tendido, celebrando que un nuevo humano estaba con ellos, que el Cabanyal seguía vivo, que el libro del futuro ganaba nuevas páginas.

Ayer noche me emocionó saber que en televisión, un grupo de periodistas se atrevía a poner en público un hecho que afecta a todo un pueblo y que viene siendo ocultado sistemáticamente por las fuerzas políticas de la ciudad de Valencia. No soy un espectador activo ni regular de los programas de televisión, por lo que no tenía ni idea de que se fuera a emitir el reportaje. Además, estaba en Ibiza visitando a unos familiares, por lo que ni siquiera se me había ocurrido que pudiéramos ver la “tele”, sin embargo mensajes SMS llegaron, e-mail’s llegaron, llamadas de teléfono llegaron, incluso una voz se escuchó desde el salón: “¡Rafa, Rafa, que esta noche hacen un documental sobre el Cabanyal!” Todo el mundo, y desde muchos lugares –Ibiza, Almería, Cádiz, Castellón, Valencia, el Cabanyal- se había hecho eco del acontecimiento y todos querían compartirlo y vivirlo.

El documento se vio y se escuchó, y ahora escribo esto que escribo porque me hizo recordar la amargura con la que un día dejé el Cabanyal, la tristeza con la que tres o cuatro veces al año regreso a visitar a mi familia, que allí vive. Me recordó lo trágica que puede ser la vida de los que no abandonan siendo abandonados. Vuestro documento ni siquiera pasa superficialmente por la vida, la historia, la herencia “dels Cabanyalers i Cabanyaleres”, sencillamente pasa de ellos y de ellas. Vuestro documento se recrea en lo sucio, lo roto, lo dejado, lo olvidado, lo oscuro, incluso en lo ajeno, olvidando la luz, el aroma del mar, la fuerza de la gente nacida y vivida en el Cabanyal; olvida, o mejor, proclama un claro desconocimiento de lo que allí se vive en las calles las noches de verano, cuando muchos y muchas se reúnen a cenar, a hablar, a jugar, a relacionarse, noches, y días, en los que unos y otras se conocen, comparten vida, crecen en común, ríen y lloran en grupo, manteniendo un comportamiento muy relacionado con el medio en el que viven; vuestro documento se centra casi con exclusividad en grupos humanos, que utilizados discretamente por políticos y empresarios en la sombra, han “okupado” desde hace relativamente poco tiempo –unos 8 años, otros 10, otros una semana- un pueblo en derribo que no sienten como suyo, simplemente porque se les rompe en las manos, y les cae sobre sus cabezas cuando duermen o aman. Vuestro documento ignora los cientos de casas y las decenas de calles que todavía muestran ese estilo modernista que las caracteriza y que todavía acogen a las familias de aquellos y aquellas que allí nacieron, y a los hijos, hijas, nietos y nietas que de ellos surgieron, porque todavía quedan esas casas – tan sólo 2 de estas casas han sido retratadas en el documento-. El abandono del Cabanyal se fraguó hace ya muchos años, más de 40, y vosotros ni lo habéis mencionado, y lo que es peor, al haber ignorado lo que todavía queda, que como digo es mucho, habéis menospreciado la lucha dura, difícil, larga y sangrante de los cientos de personas que día a día, desde hace muchos, muchos años luchan por salvar su pueblo, sus raíces, su historia, y como filmasteis, a sus padres y abuelos, garantes de la memoria. Vuestro documento, y esto me hace llorar, justifica públicamente, no sé si por descuido o de forma premeditada y alevosa, el plan de derribo de parte de nuestro pueblo, el plan de derribo de nuestra historia, el plan de invasión de una ciudad, Valencia, que en sus inviernos, otoños y primaveras nunca se interesó por mar y arena de playa, y sí por negocios y especulaciones. A partir de ahora los que vieron y probablemente verán vuestro documento, se alegraran de que en breve se acabe con ese foco de marginalidad y suciedad que es el Cabanyal, en lugar de pensar en lo que todavía queda por salvar y proteger. Vuestro documento ha dado alas a los que en pro de una mejor ciudad, que nunca contó con nuestro pueblo, sanearán hectáreas de una tierra bañada por el salitre y el fértil humus del Turia, construyendo avenidas que nunca fueron necesarias, edificios únicamente aptos para cuatrocientosmileuristas, y centros comerciales made in Taiwán, que cambiaran la luz del Mediterráneo por la de los kilowatios de farolas y faros de automóvil. Gracias por acabar con nuestro sufrimiento."

PD: Todas las fotos son de www.cabanyal.com

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