30 octubre 2007

Vistazos - 30 Octubre

  • Me encuentro con esta noticia -sólo- en la edición de hoy del gratuito Metro:

    ¿Cómo puede la Fiscalía del Estado pedir que se condene a alguien por expresar sus ideas por mucho que uno discrepe de ellas, mientras se permite que cientos de malnacidos como el que mató la pasada semana a un estudiante de derecho en Valencia por defender a una chica de ser agredida o el fascista que golpeó a una inmigrante en el metro de Barcelona campan a sus anchas? El acusado podrá ser un maleducado, pero no supone ningún peligro real para el Estado, mientras que la escoria antes mencionada amenaza a diario las vidas de miles de personas. Con actuaciones como ésta lo que se hace es dar argumentos al acusado para su próxima perorata. ¿Habrá que condenar al fiscal?

  • Hace días que no leía a Javier Ortiz y repasando sus últimos textos me he encontrado con unas cuantas reflexiones que no tienen desperdicio. Destacaré dos (aunque recomiendo su lectura diaria), la primera de las cuales dedicó a un hecho divertido que se ha silenciado de un modo inversamente proporcional a la algarabía con que se previamente se anunció. Me refiero al desprecio que Bob Dylan dedicó la pasada semana al Premio Príncipe de Asturias de las Artes al no ir a recoger el galardón -ni enviar a nadie a hacerlo en su nombre- que se le otorgó hace meses. Los que han seguido mínimamente su trayectoria -no soy fan, pero hasta yo lo esperaba- ya intuían que el cantautor no acudiría a recoger un premio que el jurado no le daba a él, sino que se otorgaban a sí mismos para señalarse como más progres que los del Nobel. El tiro les ha salido por la culata y ha quedado patente la realidad, que de rockeros no tienen nada. El texto de Ortíz, mejor que el rollo que les he soltado, lo encontrarán aquí.

  • El otro texto se lo dedica al Hijo Adoptivo de la ciudad de Valencia y agujero en los bolsillos de las arcas públicas autóctonas, Santiago Calatrava. Empieza así:

    "El arquitecto Santiago Calatrava ha construido varias cosas en Bilbao. Dos de ellas son, si no espantosas –eso va con gustos–, sí, en todo caso, desastrosas.

    Escribí ayer sobre el interés que mostró el arquitecto del Guggenheim, Frank Gehry, por quienes habrían de disfrutar o padecer su obra. A Calatrava esas minucias le dejan indiferente. Él sólo piensa en él. Primero en él, luego en él y, finalmente, en su cuenta corriente. Nada de bobadas de interés público."

    Continúa en "Arquitectura vizcaínas".

  • Finalmente recupero un texto de un tema que no traté en su momento -algo habría más cercano o más interesante- y que más tarde vi comentado con gracia y contundencia por Alber Vázquez en su blog El mundo gira sobre un eje podrido. Su título es "Mi nombre es Josep-Lluis", y como imaginarán trata sobre el episodio en el que el político catalán fue interpelado por unos maleducados (yo no soy tan bien pensado como Alber) en el programa Tengo una pregunta para usted. Un fragmento dice así:

    "El pasado lunes, el político Josep-Lluís Carod-Rovira, vicepresidente de la Generalitat de Cataluña, contestó a varios ciudadanos provenientes de distintas partes de España. Entre esos ciudadanos se hallaba Lorenzo Guerra, estudiante vallisoletano de 24 años, que, en su intervención, mostró esa mezcla de candidez e ingenuidad elemental que las personas que viven en ambientes monolingües experimentan respecto a las que vivimos en sociedades bilingües. Estoy, advierto, completamente seguro de que Lorenzo es un buen tipo. Pero eso no evita que se comportara como alguien que ni entiende, ni está predispuesto a entender algo tan esencial como que existen realidades distintas a la propia."

    Les recomiendo, como siempre, la lectura completa.

Publicar un comentario