03 octubre 2007

Siete días Público

El día de su estreno ya me hice con él, pero al margen de un análisis formal y estético -que reservo a los profesionales- poco podía decir, pues para hablar de contenidos había que dejar al diario rodar. Sin embargo, siete días bastan para ubicar con bastante claridad la línea editorial de un Público del que se dijo -al margen de lo que insinúa su desafortunada campaña publicitaria, no he escuchado explícitamente a sus responsables señalar tal cosa- que se iba a situar ideológicamente a la izquierda de El País (aprovecho para señalar que me parece más loable "aceptar" la ideología de uno, que asegurar imparcialidad u objetividad cuando son materialmente imposibles).

El caso es que, aunque por simple azar este posicionamiento sería fácil, ya que todos los periódicos nacionales se situarían a la derecha de un El País que tampoco es de izquierdas (busquen a ver si encuentran en sus páginas la defensa de alguna medida que amenace el actual status quo del sistema económico y social español); el caso, digo, es que Público no ha ocupado el lugar "prometido". Y es que tras la lectura de sus siete (bueno, ocho contando el de hoy) primeros ejemplares, podemos señalar que el nuevo diario vinculado a Mediapro ha nacido adaptado, con muy tímidas variantes, a la agenda impulsada por los dos grandes partidos estatales y seguida por el resto de periódicos.

Efectivamente, la sección de Internacional va por su cuenta y es más aguerrida y militante que la de la mayoría de sus colegas (ahí está Íñigo Sáez De Ugarte sacrificando su excelente blog para sacarla adelante), y también hay espacios reservados para la "ecología" -con algunos patinazos ya recogidos en Malaprensa-, la naturaleza, la tecnología, el ocio en plan más diáfano y juvenil, y todas esas cosas que dan color y aspecto moderno (muchas de las cuáles, por qué no decirlo, pueden interesarme). Pero en la información nacional la cosa cambia. Abrieron con ETA su primer ejemplar, y han hablado luego de Ibarretxe, de un juez con pasado franquista (medio parlamento y el mismo Rey comparten ese pasado) y, hoy mismo, de los símbolos patrios. Todo ello además desde una óptica no mucho más radical de la que pueda albergar el PSOE en su ideario, o lo que es lo mismo, no muy izquierdista.

De izquierdas sería abrir señalando como un titular al estilo "PP y PSOE se niegan a acabar con la especulación de la vivienda", y subtitular con algo como "ambos partidos subvencionan a los que acaparan pisos en lugar de penalizar la vivienda vacía como se propone en Cataluña y el País Vasco". Ese tema, completamente al día, supondría variar un poco la agenda del resto de medios que apoyan las medidas de los grandes partidos y mostraría a la opinión pública que no se trata para nada de una idea descabellada, más allá del hecho de que los medios no la planteen porque sus propietarios estén vinculados al negocio inmobiliario o puedan dejar de percibir como castigo los ingresos de las empresas constructoras.

Y es sólo un ejemplo (con lo de Ibarretxe, por poner otro, lo sorprendente y denunciable no es que el lehendakari convoque un plebiscito, sino que dos partidos supuestamente democráticos se opongan a que los ciudadanos den a conocer su opinión). El caso es que la aportación de Público por ahora se reduce a introducir una voz más en el ya saturado corrillo que debate el tema del día. Eso sí, adornada de unas cuantas columnas -no todas- más que interesantes y con el incentivo de que uno se lo puede descargar gratuitamente todos los días en pdf desde su web; evitando así el gasto innecesario de papel.

De todos modos, su vida sólo acaba de empezar y espero, pese a no haber cubierto en principio las expectativas que generaba, que sea larga. A ver si se animan y en un tiempo abren una redacción en la Comunitat Valenciana, que buena falta hacen aquí las opiniones discordantes, por tímidas que sean (aunque a mí me da que estos saben que aquí nadie lee la prensa). Por lo pronto lo seguiremos leyendo. Contrastar no cuesta nada, y en este caso, menos.

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