15 octubre 2007

El runrún

A uno no le gusta ser portador siempre de malas noticias, estar siempre señalando el más reciente estropicio o la penúltima estafa perpetrada por nuestras autoridades. A mí también me gustaría decir que todo es maravilloso, pero lamentablemente, como no es así, me lo impide mi moral, sólidamente construida a golpe de catecismo y misa dominical. Es más, como en mi tierra abundan los propensos a afirmar que sí, que todo por aquí es fenomenal (serán hijos de "rojos" -ya saben que se dice que Valencia era tradicionalmente de izquierdas- que no les llevaban a misa y por eso no les importa mentir como bellacos), pues uno tiende, por un defecto congénito, a la compensación.

Lo que sucede es que uno acaba pareciendo un radical, porque para compensar el runrún constante de la prosperidad que emanan los periódicos, radios y televisiones al dictado de la autoridad no valen cien mil blogs (el makinolo ni por asomo utilizará internet para leer un artículo, aunque digerirá cada una de las propagandas emitidas en el informativo de Canal 9 a la espera de ver por enésima vez el último gol de Villa). Y el runrún lo invade todo, se lo encuentra uno allá donde mira.

Esta mañana mismamente, me he topado con uno de sus peores especímenes -el runrún se manifiesta de muchas formas-, el del "profesional". Éste se encarna habitualmente en la figura de un columnista que está ahí para transmitir "prosperidad", de modo que semana tras semana ha de buscarla y sacarla de dónde sea, aunque los argumentos escaseen o sean contradictorios. Y hoy lo eran en la columna titulada Balneario Las Arenas, que firmaba Joaquín Serrano en el gratuito Metro.

Porque comienza su texto Serrano diciendo cómo era en su niñez el antiguo balneario Las Arenas -algo que muchísimos valencianos recordarán- ahora desaparecido, un sitio privado con buenos servicios de ocio al que los valencianos podían acceder rascándose un poco el bolsillo. Pero lo hace para concluir que "ese feeling de sitio animado y especial lo continúa teniendo hoy. Un hotel de gran lujo ocupa remodeladas y novedosas instalaciones, atendiendo a esa necesidad perentoria que tenía esta ciudad de servicios turísticos de calidad que se incrementó exponencialmente con motivo de la Copa América".

Dicho esto, parecería que el columnista sostiene que cambiar una popular zona de recreo de la que disfrutaban la mayoría de valencianos por un hotel que estos mismos sólo pueden mirar desde detrás de una valla, es motivo de alegría. Pero no, porque aclara Serrano que el hotel es el primer establecimiento valenciano que entra en The Leading Hotels Of The World. "A muchos no les dirá nada" aclara el autor al común de los mortales, ya preocupados por nuestra ignorancia, para añadir "pero les aseguro que miles de personas de alto nivel económico viajan en función de dónde están situados estos hoteles [...] y es un orgullo como valenciano ver que en el mapa de España, donde se sitúan 24 establecimientos, ya figura Valencia".

Ah, pues ya está claro. Lo que importa es estar en el mapa, aunque a los ciudadanos de a pie no ganemos nada directamente con ello. Al menos en eso insiste día a día el maldito runrún, que sólo habla de prosperidad, aunque tenga que buscarla debajo de las piedras, mientras ignora los enormes problemas que se le ponen delante como el evidente fracaso de la política económica autonómica basada en el ladrillazo y la depredación del territorio (también en el mapa, aunque en el de la corrupción urbanística que maneja la comisión encargada de ese menester en el Parlamento Europeo).

¿Qué pasará cuándo la realidad explote y despierte a los valencianos adormilados por el runrún? ¿Se acordarán entonces de quiénes les estuvieron arrullando con tanta mentira? ¿Se reconocerán tan culpables como los mentirosos por haber disfrutado plácidamente de la mentira en lugar de tratar de atajarla?

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