22 octubre 2007

Cuando el destino nos alcance

Hoy ha sido el primer día laboral en que las decenas de miles de usuarios que emplean diariamente dos importantes líneas de la red de trenes de cercanías de Barcelona para ir a trabajar han sufrido en sus propias carnes el corte de este servicio por una semana. Éste, como todo el mundo sabrá, ha venido provocado por las obras que llevarán el AVE al centro de la ciudad.

No obstante, no es el único problema que padece la red de cercanías barcelonesa, pues desde hace bastante tiempo -se ha incrementado de un modo alarmante en los últimos meses, aunque el problema se intuía, según han declarado posteriormente los usuarios, desde hace años- no se ha invertido lo necesario para mejorar este servicio ferroviario que utilizan a diario centenares de miles de ciudadanos.

Pero es ahora, cuando el mal está definitivamente hecho (el problema va a tener difícil solución a corto plazo y va costar tiempo recuperar el ritmo correcto que el servicio tuvo tiempo atrás), cuando se ha escuchado por primera vez con fuerza a muchos ciudadanos decir que el AVE les importa un carajo, pues no lo van a tomar en su vida. Seguramente muchos ya lo decían antes, aunque los medios no prestaran voz a su protesta de cara a que no tuviera más eco, pues no había nada que rascar -para los intereses del partido afín que corresponda, se entiende-.

Pero con toda certeza muchos otros de esos abnegados trabajadores que día a día se dejan parte de su tiempo y de su vida en los vagones de cercanías aplaudían sumisos el espectáculo de la pelea entre unos y otros en un campo de batalla que realmente nada les iba a reportar, mientras asumían con silencio que lo que verdaderamente les afectaba se degradara fuera de la batalla política. El destino, que descuidar los servicios públicos para centrar la atención en otros aspectos más llamativos pero seguramente menos útiles siempre acaba pasándonos factura, les ha alcanzado ya.

Y esto no debería ser visto como un caso puntual que les pasa "a los catalanes", sino servir de lección para todos. Sin embargo algo me dice que no va a ser así. Sin ir más lejos, en la Valencia en que habito, cada vez que llueve un poco se bloquean durante horas dos líneas de una red de metro -que viene a se como una red adicional de cercanías aunque de titularidad autonómica- que ya de por sí funciona con constantes retrasos. Por no hablar de los deficitarios servicios sanitarios o la educación pública, que ya dan clarísimos signos de degradación. Aquí, con todo eso que apunta un desenlace evidente, la gente se muestra encantada y demanda AVE, Fórmula1, Tenis ATP y demás, antes de reclamar que se mantengan los servicios públicos primero que todo. Ya veremos, si no hablamos ahora, qué decimos cuando el destino nos alcance. Y de qué nos servirá quejarnos entonces.

PD: Dos posts de tres con títulos de pelis, aunque realmente éste es el título que se inventaron en Spain para "traducir" el más insulso Soylent Green que originalmente daba nombre al apocalíptico film de serie B de Richard Fleischer. No se crean de todos modos que me he marcado una meta con ello. Espero ser más original en un futuro.

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