29 septiembre 2007

Vivos (pese a quien pese)

Esta mañana algunos vecinos del Cabanyal volvieron a levantar la voz de modo pacífico para defender lo que es suyo frente al chantaje y la extorsión del Ayuntamiento de Valencia. No estuvieron solos, pero tampoco encontraron el respaldo masivo de sus vecinos del cap i casal, la mayoría de los cuales no saben que esto ni siquiera está sucediendo -no estuvo, como en ninguna protesta contra el gobierno local, la televisión pública para recoger y transmitir su protesta-.

No obstante los vecinos del carrer Sant Pere y los que se solidarizaron con ellos en contra del atropello que ahora están sufriendo (y en el futuro podemos padecer cualquiera si no demostramos nuestra solidaridad y rechazo a este tipo de actitudes más propias de la mafia que de un ayuntamiento democrático), se bastaron para cumplir su objetivo: demostrar que las agresiones del Ayuntamiento no van a hacerles caer; al tiempo que hacer patente la dejadez y el abandono al que éste, en manos de Rita Barberá, está sometiendo a la zona para forzar a los vecinos a vender sus viviendas por precios irrisorios con el fin de echar abajo el barrio.

Así, con su esfuerzo habilitaron para el uso lo que durante meses ha sido un solar nido de ratas, basura y escombros. Todo bajo la atenta mirada -y las risas- de las "familias desestructuradas" -por llamarlo de un modo suave- que, también con el consentimiento del consistorio y la policía, han trasladado la delincuencia a la zona, ocupando muchas de las casas de antiguos vecinos que han acabado rindiéndose al chantaje del Ayuntamiento de Valencia )a través de la empresa fundada para tal propósito, Cabanyal 2010). La delincuencia es el instrumento del Ayuntamiento para asustar a los vecinos y hacerlos huir de sus casas. Qué paradoja.


Pero muchas de las casas siguen en pie, embelleciendo y manteniendo vivo el legado de la ciudad.

Las hay preciosas, clásicas o más humildes, pero lo que las une al final es que cada una esconde la historia de un vecino de la ciudad que merece la misma justicia y el mismo respeto por parte de las instituciones que los demás.

El Ayuntamiento trata de pisotearles, pero los vecinos todavía mantienen su dignidad. No permitamos que su historia, que al fin y al cabo también es la nuestra, pase desapercibida. Está en nuestras manos.

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