28 agosto 2007

La vida sigue igual

Ayer hizo una semana de mi regreso de las vacaciones. Al día siguiente escribía en mi primera entrada en el blog tras las mismas, que volvía con las energías renovadas o algún tópico similar, pero lo cierto es que, al reencontrarme con la realidad de mi ciudad, con sus ciudadanos y sus gestores, las "energías", si las había, se disiparon rápidamente. Un rápido vistazo a los blogs de cabecera servía para constatar lo obvio, que todo seguía igual.

Uno no se siente un amargado y es difícil no parecerlo cuando, en lugar de rebuscar para decir lo bonito que está esto o aquello, se te agolpan en la agenda las noticias acerca de la nefasta gestión de nuestros gobernantes. Igualmente difícil es fijarse en el paisaje de la ciudad cuando te resulta imposible caminar mirando hacia el frente si quieres evitar pisar las mierdas de perro dejan abandonadas por doquier los animales de sus propietarios.

De modo que me di unos días más, a ver si cambiaba mi actitud, fruto seguramente del contraste entre acabar de visitar ciudades simplemente limpias y cuidadas, de las cuales por lo demás desconocía la realidad de su gestión diaria; y retornar de golpe a una habitada por muchísimos gorrinos -decir descuidados es muy fino- que prefieren arrojar sus basuras en plena acera antes de dar dos pasos para depositarlas en una papelera.

Traté de contenerme, pero no lo he conseguido. Puede que mi paseo por la playa del Cabanyal de ayer por la tarde, esquivando toda la basura que vecinos y turistas (estos posiblemente por contagio de las costumbres locales) dejaron tras pasar un rato en su arena haya influido. Puede que también la conversación mantenida días antes con un conocido sobreexpuesto a los informativos de Canal9, que se empeñó en tratar de convencerme de los logros recientes de Valencia en contraposición a Barcelona (la coentor autóctona no puede explicarse sin compararse a Cataluña), para después argumentar, en una gran demostración de inocencia, que la mayor prueba del éxito de la Copa América -una competición por la que, aseguraba, "se pegan por ser sede todas las capitales del mundo"- se debe al mero hecho de que, si no hubiera dado dinero a la ciudad nuestros gobernantes, no la habrían celebrado (¡¿?!).

El caso es que estoy aquí de nuevo, siete días después, y renegando de nuevo. Pero qué quieren que le haga, es lo que hay, y se lo voy a contar de la única manera que sé, tal cuál lo veo. Sé que hacer ver también a los que son como mi conocido es tarea prácticamente imposible, pero que no se diga que no lo he intentado. Perdónenme si les aguo la fiesta.

*La foto es del blog Valencia es un cagadero.

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