24 julio 2007

Ingenuo Zapatero

Sinceramente he de confesarles, reconociendo lo mal analista que soy, que creía que la Copa América no repetiría en Valencia. Que estuve a punto más de una vez de retransmitirles mis impresiones acerca de lo que, a todas luces, me parecía la lenta y silenciosa disolución del mito de la que se nos vendió como una de las más grandes competiciones deportivas del mundo para acabar siendo una prueba más de tres al cuarto para las madrugadas de Eurosport (entre la final de dardos y la de snooker). Porque díganme si no, qué es lo que apuntaban todos los indicios.

El primero, el eco de la misma Copa. La final de la competición no ocupó una sola portada más allá de la prensa meramente provincial, y su espacio en televisión, sólo en España, no fue nunca superior al que se brinda a la final de la liga nacional de fútbol sala. Y esta escasa repercusión se refrendó a menudo a lo largo de su desarrollo, cuando las expectativas generadas, por ejemplo, en los famosos asistentes a sus fiestas (Angelina Jolie), se daban de bruces con la realidad (Chabeli).

Nos dieron gato por liebre, pero el gobierno local lo vendió tan bien, le sacó tal rendimiento electoral, que el propietario de la prueba, viendo que nuestros políticos habían vendido a la población la falsa idea de que si ganaba su equipo, la prueba se repetiría de nuevo en la ciudad; aprovechó la situación para, viéndoles comprometidos, demandar 120 millones de euros para que fuera así y la prueba quedara en Valencia.

No obstante, Ayuntamiento y Generalitat, sabedores de que no es fácil engañar dos veces seguidas con el mismo truco, en lugar de aceptar la demanda del amo de la prueba (el patrón del Alinghi, el suizo Ernesto Bertarelli) empezaron a dar largas y a preparar la campaña de lavado de manos en caso de producirse lo que era lógico, que el suizo se fuera por ahí a timar a otros. Así, empezaron a lanzar mensajes a través de sus medios afines de que, en caso de no volver a elegirse -qué falacia antes y ahora, pues la elección es al mejor postor, no a la ciudad que reúna mejores condiciones- Valencia como sede para la prueba, el único culpable sería del gobierno central.

Así es como uno, esperanzado, esperaba que finalmente Bertarelli se llevara el tinglado a otro sitio, dejándonos aquí con un nuevo puerto que, a penas pasadas unas semanas de la conclusión del sarao, ya hay muchos que se preguntan si era necesario (por lo menos al precio al que cobran las copas). Pero no, de repente Zapatero, nadie sabe por qué asesor mal aconsejado, toma las riendas de la negociación y resucita lo que ya parecía zanjado, devolviéndonos el muerto de la Copa América una vez más.

Las razones que habrán empujado al Presidente del Gobierno para tomar esta decisión son obvias. La primera tratar de sacar partido a la inversión que ya hizo su gabinete en la anterior prueba y que hará en la siguiente, especialmente de cara a las próximas elecciones. La segunda, intentar frenar la falsa impresión de que el gobierno central no está realizando inversiones en la Comunitat Valenciana (no diré yo que sea mucho o poco lo que invierta, aunque los números dicen que es mucho más de lo que invertía su antecesor en el cargo José María Aznar).

Sin embargo, peca de ingenuo Zapatero creyendo que el gesto le va a servir de algo. O llegando más lejos, creyendo que la mayoría de los valencianos se enterarán de su gesto. Y es que hay que vivir aquí cada día para saber que, ni trayendo sobre sus hombros la manguera que manara agua del Ebro sobre los secarrales del Alacantí, Zapatero recibiría el más mínimo aplauso del rodillo mediático popular. Da igual que aplace un mes la firma esperando que la gente regrese de las vacaciones; al igual que hoy (en que es más fácil encontrarse con una foto de archivo de Rita en las portadas que con la del presidente sentado con Bertarelli), entonces no será él el protagonista.

Esta es la llamada de la noticia hoy en Mini Diario. Como ven Zapatero no aparece ni citado.

PD: ¿Por qué Zapatero no se lo repiensa y manda a freír espárragos a Bertarelli y compañía? Podía impulsar otra política, traerse los cuarenta millones de euros que corresponde poner al gobierno como base para la repetición de la prueba, y pagarse en su lugar una residencia para ancianos o un colegio; y llamarlo "Copa America 2009", dejándolo como recuerdo del timo que podía haber sido y no fue. Bendita ingenuidad la mía.

Publicar un comentario