21 mayo 2007

Rita, la causa y la solución de los problemas de Valencia.

"Por el alcohol, la causa y la solución de casi todos los problemas", decía Homer en un mítico episodio de Los Simpson. Una reflexión muy similar me inspira el seguimiento de la campaña para la alcaldía de la ciudad de Valencia, un puesto para el que Rita Barberá se ofrece -con el aplauso vergonzoso de algunos medios y la aprobación de muchos ignorantes- como la solución para los problemas que ella misma ha creado.

Y es que dieciséis años después de haber llegado a la alcaldía como resultado de un pacto con Unión Valenciana -Rita fue alcaldesa en 1991 liderando la segunda fuerza más votada, como puede suceder con Carmen Alborch el próximo domingo- sería de ingenuos pensar que, si tu calle no tiene aceras o el parque de tu barrio -si existe- sea un cagadero abandonado y reseco, la culpa sea de otro y no de la actual alcaldesa y sus subordinados. No obstante, hay muchos valencianos que piensan que Barberá es sólo una especie de fallera mayor vitalicia, la hincha número 1 del Valencia CF, o una figura sin la cuál las fallas o el Corpus estarían en peligro. Sin embargo, no se acuerdan de ella cuando esperan el autobús 20 minutos, o cuando no se construye el tan necesario nuevo ambulatorio de su barrio, o se hacen menos VPOs de las previstas en los solares recalificados de la ciudad.

Y lo malo es que la confusión no acaba aquí, sino que esta vaca sagrada de la escena local tiene secuestrado el raciocinio de muchos vecinos hasta en los barrios en los que su "política" -si se puede llamar así a algunos comportamientos de su equipo- es más que destructiva. Es el caso del mío, el del Cabanyal, en cuyo mercado dicen los medios que fue aclamada hace unos días por las clientas. Según informaba en su noticia el diario Levante-EMV, éstas le pidieron que interviniera en el barrio "porque hay mucho mal en la zona".

Obviamente, no hace falta ser Einstein para tener claro que, si en los últimos dieciséis años la máxima responsable del cuidado del barrio ha sido ella y éste está abandonado, la que tiene la mayoría de papeletas para ser culpable del abandono es la misma Rita Barberá. Pero no es sólo eso, es que si ella aboga por derribar parte de las viviendas para instaurar en su lugar una nueva avenida (esperemos que mejor que la poco cívica Avenida del Puerto) y los vecinos se niegan a malvender sus casas, la más beneficiada de que el barrio se degrade para que lo abandonen sus habitantes, es también ella (y obviamente, los constructores que llegarán tras los derribos con sus grúas).

Claro que eso, pensará alguno, son conjeturas. Lamentablemente no. Son, de nuevo, hechos; pero de los que no salen mucho en los medios de esta santa ciudad. Pasaron hace tan sólo dos semanas, cuando unos vecinos que se niegan a vender, pillaron a un gerente municipal metiendo a 30 rumanos en el bajo -propiedad ya del Ayuntamiento- de al lado de su casa. Vamos, lo que todo el mundo conoce como mobbing inmobiliario, pero ejercido en este caso desde el mismo consistorio de Rita Barberá. Obviamente, el ayuntamiento argumentó al día siguiente que estos rumanos no iban para quedarse, sino que los habían desalojado de un piso ocupado y sólo estaban metiendo sus enseres en el bajo. Se lo comento por si, sabiendo cómo trata este ayuntamiento a los inmigrantes y los pobres, quieren creer que ahora ejercen de guardamuebles.

Pero hay quien lo cree, quien piensa que Rita no es la última responsable de la mayoría de cosas que pasan o dejan de pasar en esta ciudad. Y de cómo pasan. En este caso perjudicando a los vecinos del Cabanyal; la semana pasada a los de Patraix; si se permite que la Fórmula 1 se dispute en la ciudad, a los de Nazaret, el Marítimo y de nuevo el Cabanyal; y si no le ha tocado ya... cualquier día a usted. Por no hablar de las futuras generaciones, a las que esta buena mujer no les va a dejar un solar de la ciudad por recalificar para pagar toda la deuda que generan sus despilfarros.

Así, además de populachera y todo lo que quieran, es también Rita Barberá.

La culpa de que justo enfrente del lujoso hotel de Las Arenas nos encontremos con este paisaje (hoy en Metro) no es, según algún ingenuo, de Rita Barberá, sino de Rita 'la Cantaora'. Si los millones que está dejando la Copa América a los valencianos -yo sigo sin haber visto ni uno- no son para esto, ¿para qué son?

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