23 abril 2007

Tardes de fútbol

Se lo aseguro, no me gusta hablar de fútbol. Creo recordar que una vez les mencioné, con motivo de no se qué, que regularmente visitaba un campo de fútbol, pero estoy seguro de que no les dije de cuál. Y no es porque me avergüence del equipo del que soy seguidor, en absoluto. Es que no lo consideraba -y sigo sin considerarlo- relevante. Soy de los que consideran que en el mundo hay muchos problemas para que hagamos del fútbol uno, y también soy contrario, por mucho que algunos intelectuales y muchos descerebrados se empeñen en defender lo contrario, de dotar a determinados colores de unos valores o ideas, y a otros, de otras.

Para mí el fútbol es simplemente una excusa para quedar, al menos una vez cada dos semanas, con algunos amigos que a medida que pasa el tiempo cada vez resulta más difícil ver; cargarme de adrenalina por un rato y disfrutar de las victorias del club con el que simpatizo si se producen. Me gusta animar a mi equipo y, aunque no pertenezco a ninguna peña, me divierto escuchando y participando del runrún del campo. Mi equipo es humilde, pero tengo la suerte de que este año juega en primera división -como lo hará el Real Valladolid el año que viene (felicidades a los pucelanos)-, aunque precisamente por eso desde el principio de temporada sabía que los aficionados íbamos a sufrir. No obstante, hubieron victorias y llegaron también las derrotas, pero las unas se disfrutaron y las otras se encajaron con deportividad. Disfrutamos al principio de este año de muchas tardes de fútbol.

Sin embargo, desde hace semanas, ya no disfruto. Y es que mi equipo parece que dispute otro deporte. Uno en el que si juega peor pierde, y si es mejor, también, o al menos, no puede ganar. Las reglas que antes valían, no sirven para él. Por poner el ejemplo más obvio: tiene que meter dos goles para que uno suba al marcador y si sólo mete uno, se le anula. Se comenta que es porque otros equipos que están jugando peor son "más importantes" y que la organización de este tinglado lo tiene arreglado todo para que "los menos poderosos" ocupen las plazas de descenso. Parece una tontería, y si no hubiera visto los últimos partidos que ha jugado mi equipo no lo creería. Pero lo he visto. Aquí no vale lo de que unas veces te favorecen y otras te perjudican. Si no me creen pueden verlo. Es más, se lo recomiendo porque, aunque es un escándalo detrás de otro, no se ha hablado mucho de ello. Es como si mi equipo y sus aficionados no importasen.

Y así, poquito a poco, éste se ha ido para abajo en la tabla. Realmente no tiene mucha importancia, porque al fin y al cabo es fútbol, el "opio" de los domingos. Pero es una pena y desde luego, en esta Liga de Fútbol Profesional, no es un deporte. Al menos no lo es para los aficionados levantinistas como yo -que existimos, no se crean-, que últimamente, en lugar de al fútbol, asistimos a una estafa. Pero lo dicho, mañana, cuando se me haya pasado este tonto disgusto, les hablaré de otra cosa. Discúlpenme por el desahogo.

PD: Un último apunte ya que hablo del Levante UD. Este equipo es, como el Valencia CF, además de un entretenimiento para algunos como yo, una empresa privada. Por lo visto, esta empresa quiere que el Estado y el Ayuntamiento de Valencia le regalen suelo público de la ciudad para construir un nuevo estadio y vender el que tiene. Vamos, hacer un pelotazo como ha hecho el otro equipo de la capital. Yo, como entonces, estoy totalmente en contra. El suelo público es de los ciudadanos. Los negocios que los hagan con sus cosas.

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