28 marzo 2007

Más importante que el precio de un café

Hoy todo el mundo discute lo que cuesta un café en este santo país. Por lo visto el presidente del gobierno no acertó ayer -o sí, porque yo he tomado cafés con leche a ese precio, aunque muy lejos de mi Valencia- con su respuesta a la pregunta que le formuló uno de los cien ciudadanos que trataron de entrevistarle en un programa que emitió TVE. Yo no aguanté más de tres minutos, porque la respuesta pausada que daba Zapatero a una señorita a las 21:40 no se adaptaba al ritmo que exijo a la televisión el poco espacio de tiempo que le dedico al día. Pero como decía, hoy todo el mundo habla de ello. No obstante, Javier Ortiz sobresale de nuevo sobre el resto, con un análisis que mira a la luna en lugar de quedarse con el dedo que la señala. Les extraigo un fragmento de 80 céntimos envenenados (que les animo a leer completo):

"De lo que se trata con esas preguntas es de demostrar que la gente situada en las alturas no tiene ni idea de cómo vive el pueblo llano. Lo cual es cierto, aunque extensible a bastantes de los altos ejecutivos –también de los medios de comunicación– que esta mañana ríen la anécdota. Me sé de más de uno y más de diez que es seguro que ya ni recuerdan el último día que se subieron a un transporte público. Y, la verdad, tampoco me parece ni tan raro ni tan grave.

Lo que sí me parece grave es que no se hayan oído protestas –yo no las he oído, al menos– por el hecho de que la Radiotelevisión pública española haya programado dos programas estelares de este tipo, uno para el presidente del Gobierno y el otro para el que llaman «el líder de la oposición». No me voy a detener hoy en el hecho de que ese título sea una solemne impostura, porque la oposición en el Parlamento español carece de un líder único. Lo que me importa más, e incluso me escandaliza, es que pase como la cosa más natural del mundo este intento de apuntalar el bipartidismo en España. Con todo lo de malo que eso encierra.

Si la política oficial española no es todavía radicalmente insufrible, si aún no nos hemos vuelto a instalar del todo en los tiempos de Cánovas y Sagasta, con su alternancia formal y su identidad esencial, es, precisamente, gracias al hecho de que, además de los dos grandes partidos, en el Parlamento están representados otros que, mal que bien, pueden alterar ese juego infernal de las alternancias sin alternativas. Yo, al menos, no me engaño: si Rodríguez Zapatero está haciendo la política que está haciendo es porque no logró la mayoría absoluta y hubo de pactar con algunos grupos menores. Basta con ver las diferencias que hubo entre el Aznar de su primera legislatura, cuando se vio obligado a entenderse con otros, y el Aznar de la segunda, cuando logró la mayoría absoluta, para apreciar el valor que posee el no bipartidismo."

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