24 marzo 2007

El PP pone la directa para acabar con Rajoy

Imagino que a estas alturas todos se habrán enterado ya del boicot del Partido Popular al Grupo Prisa, pero por si acaso se lo resumo. Jesús de Polanco, presidente del lobby mediático, realizó unas declaraciones en su última junta de accionistas en las que criticaba la reciente actitud muy escorada a la derecha del Partido Popular. A consecuencia de éstas la cúpula del partido que encabeza Mariano Rajoy lanzó ayer un comunicado en el que anunciaba que sus políticos no concederán ninguna entrevista a ninguno de los medios de Prisa (o lo que es lo mismo, a la Cadena Ser, Cuatro, El País, Cinco Días, Localia, etc.) hasta que su autor las rectificara y pidiera disculpas.

Mi primera reacción fue la sorpresa ante tan descabellada medida (las declaraciones, por desacertadas que fueran, no dejan de ser una opinión como cualquier otra); la segunda, mediada ya la tarde (conocí el comunicado a mediodía), fue de indignación; y finalmente, a estas horas de la noche, es de estupefacción. La sorpresa inicial correspondía a que una medida como la de dar la espalda a un grupo mediático tan poderoso, asociado tradicionalmente a la izquierda, pero ciertamente partidario -como la mayoría- del mantenimiento del status quo, no iba a ser muy beneficiosa para el Partido Popular. Vamos, que la medida de enfrentarse a unos medios tan simpáticos para los votantes del llamado centro político era cuando menos sorprendente.

Y como dije, la sorpresa se trocó, al poco que le di una vuelta al asunto, en indignación. Indignación porque el partido que representa para muchos ciudadanos la única opción de voto conservadora y centralista, hubiera decidido sumar la limitación de la libertad de expresión a la serie de comportamientos de corte extremista que viene exhibiendo en las últimas fechas. Validando con ello, de cara a sus simpatizantes, una medida tan propia de las dictaduras como ésta. Y eso obviamente, para cualquier demócrata, es indignante.

Pero a estas horas, cuando he dejado pasar un tiempo para no escupir un texto lleno de sapos y culebras, he llegado a la conclusión definitiva del por qué la cúpula del Partido Popular ha tomado esta decisión: quieren acabar ya con Rajoy para que no llegue a las elecciones generales. ¿Cómo? Ignacio Escolar lo dibuja en una pincelada en su entrada La imparcialidad de los editores. El fragmento en particular dice: "En el PSOE, seguro que están encantados. A dos meses de las municipales, los candidatos populares necesitan aparecer en los medios muchísimo más de lo que los medios los necesitan a ellos". Así es, esta medida no favorece en absoluto los intereses del propio partido, que ve peligrar la mayoría absoluta en sus principales feudos (Baleares, Murcia, la Comunidad Valenciana -donde la Ser precisamente no les trata muy mal...) y la falta de exposición mediática no les sería muy favorable. Y si estos feudos cayeran, ¿quién caería inmediatamente después? La respuesta es obvia.

Y ahí es donde reside mi estupefacción. ¿Cómo Mariano Rajoy se ha dejado arrastrar en esta espiral de extremismos que sólo conduce a la derrota de su partido y a su propio sacrificio político? ¿Cuándo le hicieron creer que esta estrategia iba a funcionar? ¿Por qué con el fracaso de la primera mentira Rajoy no rectificó el rumbo y sacrificó a los culpables? ¿Estaba todo esto planeado en el PP? ¿Hasta la propia inmolación de su "líder"? Realmente lo desconozco, pero espero que toda esta situación alcance pronto su fin, pues las batallas intestinas por hacerse con el poder en el Partido Popular están, con sus malos modos (la resurrección y validación de viejos fantasmas), haciendo un daño en la sociedad española que espero no sea ya irreparable.

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