13 marzo 2007

Ciudad sin ley

¿Saben que hay un lugar en España en que un 5% de la población tiene acobardada al resto, cometiendo actos delictivos ante la mirada pasiva o cómplice de sus gobernantes? ¿Un lugar en el que los inocentes se ven forzados a huir de su residencias -los más afortunados, pues la mayoría no puede permitírselo- para no soportar los ataques de esta altiva y maleducada minoría? Pues ese lugar existe. Pero no, no me refiero a ese País Vasco mirado a través de los ojos más reaccionarios. Me refiero a la Valencia previa a la celebración de las Fallas. Esa ciudad, en la que resido, celebra del día 15 al 19 de marzo sus fiestas regionales, unas fiestas que tienen como eje central unos monumentos originariamente críticos con la realidad que vivían sus vecinos.

No obstante, ese espíritu ha cambiado de unos años a esta parte -poco más de una década- gracias a la habilidad del consistorio municipal de ganarse a la comunidad fallera a base de concederles todo tipo de permisos y parabienes para que campen a sus anchas. Así, desde hace poco más de una década, las comisiones falleras pasaron, de plantar sus monumentos en la fecha prevista y organizar en esos cuatro días alguna verbena puntual, a instalar desde el mismo 1 de marzo o antes -20 días, si se retira al acabar la fiesta, lo que no suele suceder- enormes carpas cerradas en las calles adyacentes a sus fallas, con el consiguiente corte de la circulación a todo tipo de vehículos que esto conlleva (este año el corte de calles se cifra en el 70%).

Esta decisión, que puede parecer anecdótica, significó un cambio notable en la fiesta, pues si bien los falleros condensaban anteriormente su presupuesto en cuatro días y lo compartían con sus respectivos vecinos, desde entonces lo repartieron en muchos más y en acciones ya celebradas dentro de sus carpas, en la mayoría de los casos a puerta cerrada y si no con el carácter disuasorio que estos recintos generan. El resultado: por la ciudad se multiplicaron fallas cada vez de peor calidad artística -nadie, repito, nadie de los que visitan la ciudad se interesa por estos monumentos, muchos de ellos clonados- y nacieron casales cuyo fin, más allá de constituirse en asociaciones cívicas, era, bien al contrario, disfrutar de la posibilidad que concede el Ayuntamiento de Valencia de actuar durante unos días al margen de la ley.

"Ser fallero es vivir durante el año trabajando por la fiesta.
Ser fallero, disfrutando con el barrio en hermandad y convivencia"

Algo así creo que escribió Vicente Ramírez, el ideólogo musical de la fiesta -verbigracia de Rita Barberá, que es lo único que deja poner en la megafonía del Ayuntamiento antes de las mascletás- en su tema Ser Fallero, una canción en la que describía lo que debían ser las fiestas josefinas y que -por mucho que él diga lo contrario- ya no son. La política municipal de Rita Barberá ha generado y continúa generando (con decisiones como la de permitir a la Junta Central Fallera premiar la iluminación de una comisión que ha sido llevada por los vecinos con éxito a los tribunales por la ilegalidad de la misma) una brecha entre los ciudadanos y los supuestos representantes de las fallas cada día más insalvable.

Por fortuna los valencianos están empezando a despertar y a darse cuenta de que el amor por la Fallas no está reñido con el respeto a sus derechos. Que bien al contrario, las Fallas no deben ser sino un modo festivo para reivindicarlos. Y así lo reclaman. Ahora es necesario que cuanto antes se tomen medidas para reconducir la fiesta a sus orígenes. Barberá ya ha demostrado que para ella es más importante salir bien parada en los monumentos generando la impunidad de los falleros más irresponsables (que, llegados a este punto, he de decir que no son todos, pues al menos una treintena de comisiones no han entrado en este círculo vicioso y viven la fiesta a la antigua -y querida por todos los valencianos- usanza), que coordinar unas Fallas libres y en harmonía como eran antaño. Quizá sea el momento de que hagamos algo para devolver su ninot a la hoguera. Con todo el humor y la ironía de la que hacemos gala los valencianos, por supuesto.

PD 1: Una prueba de la sensatez de algunos falleros es el blog El Delincuente Fallero.

PD2: Si no han entrado en la web de Vicente Ramírez háganlo. Así podrán escuchar el himno no oficial que éste le ha dedicado a la Copa América. Esta es la imagen que proyecta Valencia en el siglo XXI.

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