31 enero 2007

Sobre la educación del público frente a los medios de comunicación

Pasó Ignacio Ramonet -entre muchas otras cosas, director de Le Monde Diplomatique- la pasada semana por Valencia a dar una conferencia dentro del I Foro de Periodismo Ernest Lluch y allí se plantó un servidor, junto a un montón de personal que abarrotó el Aula Magna de la Universitat (aunque eso no sea síntoma de nada, pues cambiando unos por otros, éramos los de siempre los que estábamos allí), para ver qué nos podía contar este ilustre periodistay catedrático de Teoría de la Comunicación acerca del tema sobre el que versaban las jornadas, que no era otro que la relación entre el periodismo y el poder.

No les haré a estas alturas una crónica de lo acontecido, pero sí les resumiré lo más importante que a mi parecer explicó Ramonet y que, por ya sabido, no hay que dejar de señalar. Recordó el periodista que la prensa como tal nació al servicio del ciudadano, que hacía uso de ella como el famoso "cuarto poder que contrarrestaba a los tres poderes tradicionales del Estado". Pero como también señaló, desde hace unas décadas ese papel ha cambiado, y los medios, lejos de estar de lado de los ciudadanos, se han convertido -citando sus palabras- en "guardianes del orden establecido". Y la solución que éste propuso para evitar esta perversión es que debía "emerger un 'quinto poder' para denunciar al cuarto" y que, al tiempo, los ciudadanos debían practicar una "ecología de la información", o lo que es lo mismo, eligir con cuidado dónde y cómo informarse.

Pero como siempre pasa, esta vez Ramonet habló, llegó el turno del debate que subió el nivel (pues buena parte del personal sabía de qué iba el asunto), y la cita concluyó al cabo del rato como acaban estas cosas si han ido bien: dejando al personal con ganas de más, de hacer algo, pero sin saber hacia donde tirar, lo que conduce a que esa energía se disipe hasta la próxima conferencia. Y tras pensar en eso, en que todo lo escuchado la pasada semana podía haber quedado en nada, he pensado que no, que porqué dejarlo pasar, de modo que me he propuse resucitarlo y poner mi grano de arena para que el debate continúe. De modo que aquí va mi reflexión, si es que a alguien le puede interesar.

Desde mi punto de vista la pérdida de confianza de la gente en la prensa es obvia. Los periodistas, después de los políticos, son según muchas encuestas, los profesionales peor valorados por la población en general, y esto se debe a una percepción general que se reduce a un hecho: como unos medios dicen lo contrario de los otros, es fácil deducir que alguien miente. Es entonces cuando la gente se apega a aquellos con los que teóricamente más simpatiza. Y es aquí donde llega la mayor paradoja: pues al elegir entre esas opciones las personas, estas personas creen que ellas no han sido víctimas del engaño. Han elegido, efectivamente, pero ¿entre qué?. Como Ramonet señaló, ahí está el engaño más grande, que la elección se ha producido entre medios superficialmente diferentes, pero que en el fondo defiende los mismos intereses, los de las grandes estructuras empresariales; han elegido pues entre medios que son iguales.

¿Qué podemos hacer frente a esta situación? La solución a ello quedó -como dije- difusa en la conferencia. Ramonet propuso organizarse, crear nuevos medios de comunicación al margen de los grupos mediáticos, y creo que muchos estamos -me incluyo humildemente en ese grupo- intentando participar de nuevas vías, aunque me parece un reto inabarcable para la mayoría, que ya tiene bastante con encontrar un tiempo para informarse después de atender sus obligaciones diarias. Es por eso que yo incido en una cosa que el director de Le Monde Diplomatique mencionó de pasada en varias ocasiones pero que hay que subrayar: que si bien uno no se puede fiar de la independencia de la mayoría de los grandes medios -ninguno, por ejemplo, de los cien con más audiencia del país, lo es-, sí puede hacerlo de algunos periodistas.

¿Cómo? Se preguntarán, si trabajan para medios que les marcan las pautas. Es aquí donde entra lo que creo yo que es fundamental para que los ciudadanos recuperen el cuarto poder, y que no es otra cosa que la educación -cómo no-, y más concretamente, la educación sobre la comunicación. La gente debe aprender los mecanismos para determinar las técnicas de manipulación, cómo se elabora la información, cómo funcionan los medios de comunicación, etc. y así, saber determinar no sólo cómo hay medios y periodistas que tratan de manipularles tanto con lo que dicen como con lo que no, así como también que hay determinados periodistas en los cuáles puede confiar.

Es sin duda, un reto impresionante, pues en la sociedad actual los sistemas educativos son cada vez menos exigentes y se me antoja imposible que en un futuro los jóvenes puedan acceder a una educación de este tipo. No obstante, quizás el debate abierto en la actualidad respecto a la asignatura de Educación Para la Ciudadanía sea una gran oportunidad para reclamar que se dote a las nuevas generaciones de unas armas que sin duda les haría más libres de lo que la situación actual -en que la información ha dejado de ser tal en manos de los grandes grupos mediáticos que la monopolizan- nos augura.

Mientras tanto y sin olvidar ese frente, les emplazo a que sigamos buscando y creando espacios para comunicarnos en libertad. Yo, desde mi modesta posición, les iré contando de quién me fío. Espero que también me cuenten ustedes.

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