08 noviembre 2006

Una realidad a su medida

Leo en el gratuito 20 Minutos una columna y me quedo estupefacto. Cuando recobro el aliento lo primero que me viene a la cabeza es un debate amable entre filósofos que el día anterior escuché en la radio y que vinieron a titular como la obra de Paul Watzlawick ¿Es real la realidad?. No se asusten por favor, que esto tiene una explicación y es más sencilla de lo que parece.

El titulo de la columna de 20 Minutos, obra de Joan F. Domene, es el siguiente: ¿Y si baja el precio de los pisos? Y en él, lo que el periodista viene a decir, es que sería malo que eso sucediera. Les copio y les pego el fragmento clave:

Las familias españolas están más endeudadas de la cuenta porque han tenido que hacer frente a hipotecas muy elevadas para comprar viviendas a precios estratosféricos. Pero ese elevado valor de la vivienda se convierte a su vez en un ahorro si mantiene su precio, o incluso una inversión si se incrementa. Si cae el precio, perderían parte de ese ahorro ya que habrían pagado 130 por algo que valía 100 pero que al final sólo podrían vender por 90. Pero además, con los tipos de interés subiendo, igual les costaría 140 en lugar de 130 por las revisiones al alza de las hipotecas.Y recordemos que en España el 97% de los préstamos hipotecarios son a tipo variable. Como se nos advierte desde la Unión Europea, hay motivos para preocuparse aunque las autoridades económicas españolas sigan sin querer admitirlo.

Por eso me vino a la cabeza el debate de si es real la realidad, un debate que tiene como respuesta que la realidad es un ente tan grande que queda fuera del alcance de nuestra comprensión y que lo que conocemos como tal es sólo una reconstrucción de la misma a través de diferentes canales (amigos, medios de comunicación, lo que nosotros percibimos). El peligro del asunto es que la realidad nos la construyan de una manera tan gratuita y falaz como en el caso de este artículo.

¿Cómo que que baje el precio de los pisos es malo? Será malo, efectivamente, para los que lo han comprado esperando, además o al margen de hacer de él su domicilio, obtener un rendimiento extra, lo que siempre se ha conocido como especular (según una de las acepciones del diccionario de la RAE: "

Efectuar operaciones comerciales o financieras, con la esperanza de obtener beneficios basados en las variaciones de los precios o de los cambios"); o también para los promotores y constructores, que tras un largo periodo de bonanza verán disminuido su nivel de ingresos. Incluso, podríamos decir que sería malo para España, pues estoy casi seguro de que buena parte de nuestro poderío económico se basa directa o tangencialmente en la industria del ladrillo. ¿Pero para el resto?

Sí, los que se lo han comprado para vivir pueden, o bien sentirse afortunados por tener una vivienda -algo de lo que no todos pueden presumir-, o bien sufrir pensando que quizás no compraron en el momento adecuado, aunque si hicieron la compra con cabeza, calculando sus ingresos y los sacrificios que les supondría la compra, no deberían sufrir en demasía.

Para el resto, si necesitan comprar una vivienda, será una gran noticia. Y si no lo necesitan, pues les dará completamente igual. Y es que cabe también esa posibilidad no se crean: se puede ser feliz sin tener piso propio. Porque no sólo ahora nos empiezan a intentar convencer de que sería malo que la vivienda bajara, sino que antes han tratado de hacernos creer que todos debíamos ser propietarios. ¿Ustedes picaron entonces? Pues no sean tontos, no dejen que su realidad les amargue la vida.

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