13 noviembre 2006

Los ciudadanos más ingenuos del mundo

Que sí, que será maravilloso. No obstante, creo que siempre que pase por delante de él no lo sentiré como algo mío, sino como el recuerdo de algo que me han robado. Lo poco que tenemos los habitantes de una ciudad, y más si ésta está altamente urbanizada (como es el caso de Valencia), son los espacios de suelo todavía vírgenes, de titularidad pública, que nos podrían permitir edificar en ellos desde espacios lúdicos (y si es en forma de pulmones verdes mejor que mejor) a edificios para servicios públicos.


Al barrio de Benicalap y sus vecinos les quedaba una parcela y el Ayuntamiento se la ha regalado al Valencia CF (me da igual que sea una S.A., que una S.L., que una ONG, lo que sea), que para hacer del suyo el estadio más moderno del mundo ha hecho todo lo que se requiere para ello menos -como se hace en los países civilizados- ubicarlo en las afueras de la urbe. Y lo ha hecho con la complicidad -o el silencio- de la mayoría de los valencianos, asombrados de nuevo por los fuegos de artificio y la fanfarria
("la ciudad más tal", "el estadio más pascual"...), mientras se les expolia el futuro, ya sea en forma del suelo que no volverá si no es arrancándoselo a algunos de ellos, o de una deuda -ciudades de las ciencias, puertos de ensueño, visitas de papas, etc. están aún por abonar- que veremos, cuando venza, cómo y quién la pagará. A mí, sinceramente, se me cae la cara de vergüenza. ¿Y a usted?

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