19 octubre 2006

'Mea culpa'

Pasó el Día Contra la Pobreza y nadie sabe cómo ha sido. Como ya anticipé (no había que ser un oráculo para adivinarlo), se habló en su momento más del sillón de ZP que de la pobreza en la jornada que con el dichoso vídeo se pretendía anunciar. Y es que durante el tiempo que duró la iniciativa de Levántate Contra La Pobreza no se habló -como tampoco se hacía en el vídeo, ni en la web de la campaña- de ésta, lo que la genera y qué soluciones podemos darle. Eso sí, escuchamos una y mil veces hablar de los llamados "Objetivos del Milenio", aunque no de los objetivos -o vaguedades- en sí, sino del nombre al completo, sin profundidad, sin matiz.

Suena -por no decir en seco que se trata- a estratagema para marear la perdiz, para hacer creer a los ciudadanos menos observadores que los gobernantes del mundo occidental se preocupan por los más desfavorecidos a través de una acción que en absoluto afecta a la falta de recursos de los más necesitados (como leí en algún lado, los únicos que han recibido algo con esta campaña son las agencias de publicidad que la han llevado a cabo). Pero claro, con acciones como ésta se permite que la gente acomodada expresemos nuestra solidaridad sin que nadie se moleste, aunque no se solucione nada con ello.

Sólo hay que imaginar si no, cuál sería la reacción a una campaña que dijera que, por poner un ejemplo, para acabar con parte de la pobreza en África habría que acabar con las subvenciones que hacen asequible la producción agraria europea, y suprimir los aranceles que encarecen el mismo producto africano impidiendo su venta en Europa. Que acabaríamos con la pobreza de millones de africanos suprimiendo el carísimo jornal de miles de agricultores propios. ¿Qué sucedería? No creo que haga falta que lo escriba.

Pasó el Día Contra la Pobreza y nadie sabe como ha sido, aunque sí recuerdo que esa tarde fui al supermercado y encontré una oferta de café según la cuál si compraba un paquete me costaba un euro, pero si compraba dos, el segundo me costaba la mitad. Compré dos paquetes ligeramente avergonzado al pensar que, en cualquier tienda de comercio justo, comprar ese café supondría ayudar a alejar a alguien de la pobreza. Quizás una buena campaña, incidiendo en que ésta es consecuencia de nuestros actos -y no precisamente del de estar sentado-, haría que esa ligera culpa se convirtiera en una tortura que acabara cambiando nuestro comportamiento. Por lo pronto, aunque no sirva de nada, entono el mea culpa.

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