08 octubre 2006

La semana del sillón

Ha sido esta última, en el ámbito nacional, la semana del sillón. Sí, también se ha hablado y mucho acerca de la supuesta falsificación de documentos efectuada por unos peritos policiales con unos papeles relativos al 11M, como también del resto de temas (terrorismo, inmigración, etc.) que interesa tratar sin profundidad a los grupos mayoritarios para inclinar el ascua a sus respectivas sardinas sin tener que menear mucho el statu quo. Sin embargo el amplio tratamiento que se ha dado desde todos los medios al video del supuesto robo del sillón de Zapatero en el Congreso de los Diputados (que podéis ver, si es que habéis podido escapar a su difusión, pinchando aquí), por su amplitud, y más en comparación con el trato recibido por muchos otros asuntos, lo convirtieron en la noticia de la semana.

A estas horas todo el mundo está al tanto del asunto, pero por si hay algún despistado, resumo. El pasado domingo, se empezaba a difundir en la red el video grabado supuestamente por unos jóvenes “antisistema” en el que se les veía colarse en el Congreso de los Diputados con la intención de robar el sillón del escaño al Presidente del Gobierno para hacerle así partícipe “forzado” de la campaña Levántate Contra La Pobreza, una campaña promovida por la ONU para erradicar la pobreza en el “tercer mundo”. Al poco tiempo, el video empezó a debatirse en los mass media y las opiniones se multiplicaron, aunque básicamente se dividieron en dos líneas: la que defendía que era un vídeo muy original y edificante, y la que apuntaba que al margen de lo lícito de la finalidad, se trataba de un delito contra una de las instituciones más importantes del Estado. Ante el escándalo, al poco se comprobó y difundió que el video era un montaje, aunque un funcionario del Congreso había permitido grabar algunas escenas en el hemiciclo. Finalmente se destapó que detrás del video estaba además una importante agencia de publicidad.

Paradójicamente, de toda la historia, hay dos puntos destacables que a penas se han abordado a lo largo de la semana en el tratamiento de la noticia. El primero sería la imagen de los jóvenes activos que proyecta el vídeo, una imagen que se ha tratado con admiración tanto en los medios más progres como en otros más conservadores. La segunda, cómo se aborda desde las instituciones el problema de la pobreza en los países más desfavorecidos del planeta.

Respecto al primer punto, más banal que el segundo, manifiesto aquí, por si como yo estabais esperando una opinión discordante, que la imagen que el video proyecta de los jóvenes comprometidos es totalmente reaccionaria. ¿Es que para estar contra la pobreza o para manifestar tus ideas tienes que ir robando o haciendo gamberradas u ocultando tu rostro con pasamontañas? Esa creo que es una imagen muy poco positiva de la gente que estamos decididos a dar pasos contra las injusticias del sistema. De toda la gente que conozco moviéndose en la medida de sus posibilidades para que las cosas cambien, nadie se parece a los pijos del video (el final con los grititos de júbilo es lamentable). Ni original, ni divertido, ni gracioso… más bien, por su reiteración en una imagen negativa de éstos movimientos, bastante conservador.

Pero eso, lamentablemente, no es lo peor de la, llamémosle ya, campaña publicitaria. Pues como ya les pasó a sus autores con su trabajo para la MTV (como sabréis se trata del mismo equipo que ideó el hit Amo A Laura), del cliente y su producto es de lo que menos se ha hablado durante el impacto del “spot”. No obstante, no toda la culpa es de la agencia, pues sólo hay que visitar la ya enlazada web de Levántate Contra La Pobreza para comprobar que el mensaje que se lanza es de nuevo bastante peregrino. Y digo de nuevo porque se cae otra vez en la errónea -y más que posiblemente interesada- relación entre acto y solución (como ya sucedió recientemente con el Live8) es decir, que parece transmitirse la idea de que acudiendo a la manifestación –o al concierto- se van a solucionar las cosas, cuando la solución está verdaderamente en nuestra mano, aunque el sacrificio, que pasa por renunciar a buena parte de nuestro bienestar para que los países más afectados por la pobreza puedan desarrollarse, sea mayor que perder una tarde para dar un paseo.

La prueba más importante de lo dicho es pasarse por la web y comprobar lo que cuesta encontrar las reivindicaciones de la manifestación y lo que cada uno puede hacer, al margen de manifestarse, para cambiar la situación. Pese a ello, no hacía falta esconderlo tanto, porque vistas las reacciones al video que debía publicitarla, dudo que muchos hayan llegado hasta allí.

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